Diez años de la variante. Fue el 21 de mayo de 2012 cuando se inauguró la variante y el único túnel de la carretera general Me-1 | Josep Bagur Gomila

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La variante de Ferreries parece haber puesto de acuerdo a la mayoría de ferreriencs, con relación a lo acertada que, por uno u otro motivo, fue su construcción. Y es que, diez años después de la entrada en servicio del desvío, tanto detractores como partidarios de desplazar a las afueras del pueblo la principal vía de la Isla, coinciden en señalar que la obra ha sumado más que no ha restado. Especialmente, en cuanto a calidad de vida, seguridad y tranquilidad.

El 21 de mayo de 2012 se inauguraba en Ferreries una obra largamente reivindicada por una parte de la población: una variante para la Me-1, para reducir drásticamente los flujos circulatorios y, así, ganar sobre todo en seguridad.

Esta demanda social venía de lejos. En 1978 ya había voces que reclamaban la nueva infraestructura vial, pero no fue hasta 2008 que se impulsó definitivamente, por un desgraciado accidente. Sin ser el único caso —por lo menos se han producido en este tramo de la carretera cuatro fallecimientos en las últimas décadas—, la tarde del 7 de octubre perdió la vida una niña de 8 años y otra resultó gravemente herida, al cruzar la carretera por un paso de cebra.

El resultado fue la nueva carretera a su paso por Ferreries, un tramo de 4,5 kilómetros, unos cientos de metros al norte del núcleo urbano que requirió de una inversión de más de 25 millones de euros y la construcción de un túnel de 250 metros y dos rotondas.

A favor y en contra

Los partidarios de la variante tenían claro que la seguridad era una cuestión prioritaria. Este criterio, sin embargo, chocaba de frente, y con «muchos temores», con el económico, en lo concerniente al tejido comercial y empresarial del municipio. Las voces más pesimistas afirmaban entonces que hacer transcurrir el tráfico alejado del pueblo acarrearía importantes pérdidas y vaticinaban que serían muchos los negocios que se verían obligados a echar el cierre.

A tenor de lo que afirman tanto comerciantes como vecinos, a día de hoy, los peores pronósticos no se han cumplido. O por lo menos no han resultado ser tan apocalípticos. «No ha sido tan dramático como se temía, pero a nivel comercial se ha notado; era evidente que sería así», considera Aureli Barber. «No tengo datos, pero me da la sensación que viene menos gente». Aún así, afirma, «lo hemos salvado bastante bien».

Una opinión parecida tienen en Sa Llibreria. Pere Allès aprecia que «antes, Ferreries vivía más de la industria, de la construcción, la carpintería, y eso ha ido a menos», asegura.

Por otro lado, al igual que Aureli Barber, de Carnicería Barber, otro vecino, Josep Rotger, reconoce que «el desvío era necesario» y afirma también que «ha sido bueno para Ferreries» y que «la afluencia de gente no se ha notado».

«A nuestro restaurante viene más o menos la misma cantidad de clientes», señala Pepe Allès, de Loar. De hecho, «los domingos de invierno, con la clientela local, trabajamos más que en los de verano».

Y es que en Ferreries, aunque no destaca por ser una localidad muy turística, sí que «los dos últimos años ha aumentado mucho el turismo, especialmente el nacional, que nos visita mucho más», sostiene Pere Allès. Porque, como apunta Isabel Pons, de Can Marc, «la gente quiere pasear y se mueve para comprar».

«La gente se sigue parando en Ferreries, porque sabe bien lo bueno que aquí tenemos», completa Antònia Morlà, una vecina que lleva casi seis décadas residiendo en su casa, en el Revolt de Cas Cabrer.

Corroboran esta tesis, aunque con matices, desde la empresa Jaume Mascaró. La presidenta del grupo empresarial, Lina Mascaró, indica que «al principio, teníamos nuestras reservas, pero desde el primer momento fuimos conscientes de que no podíamos quedarnos de brazos cruzados». Porque, añade, «no notamos una bajada en las visitas a la tienda, pero fue gracias a dedicar nuestras campañas de marketing para que eso no ocurriera».

Estos esfuerzos no ocultan para Mascaró, por otro lado, que «con el tráfico de hoy, por muchos motivos, la variante ha sido positiva para Ferreries». Algo similar a lo que opina Josep Febrer, una de las primeras voces pro variante, por allá a finales de los 70. «La situación ha cambiado mucho, aquellos que no querían el desvío, se han dado cuenta de que tenía que hacerse, aunque la hubieran hecho más cerca».

Más seguridad

Antònia Morlà vive en el margen izquierdo, en pleno ascenso por la carretera. «Llevo 57 años aquí, y el tráfico ha cambiado mucho». Coincide con las opiniones de otros vecinos como Mónica Ubalde y Jaume Renobell, sobre que «pasan menos coches, eso sí, muy rápido, y sigue siendo una carretera por la que pasan los autobuses de línea». Sin embargo, añade Morlà, en la actualidad la situación «no tiene nada que ver», pues se ha reducido mucho el volumen de vehículos y ya no suelen pasar por ahí los camiones, con los beneficios que eso conlleva.

Josep Febrer, que recuerda y agradece «la importante labor reivindicativa de la Associació de Vesins de Ferreries» para hacer realidad la variante, sostiene que «hoy siguen pasando por el Carrer de la Trotxa más coches en un día de invierno, que en 1978 en pleno agosto».

Desde el Ayuntamiento, la alcaldesa Joana Febrer considera que «con la variante, el pueblo ha salido ganando». Recuerda los temores iniciales, «decían que la gente no vendría tanto, pero si ofreces unos productos determinados y de calidad, al final vendrá igual». De ahí que valore positivamente el proyecto. «Hemos ganado en calidad de vida y tranquilidad, y en lo comercial, no hemos perdido», concluye Febrer.