Aspecto del agua procedente del Prat con restos presuntamente fecales este lunes a escasos metros de los bañistas de Son Bou | Josep Bagur Gomila

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La lengua del Prat de Son Bou que le da salida mar y que en verano aparece interrumpida por su escaso caudal es estos días una balsa de agua poblada de residuos fecales. Esa es al menos la denuncia que Rafael Cerezo, un residente de Torre-solí desde hace 30 años y usuario habitual de la playa, ha hecho llegar al Consell y al Ayuntamiento.           

«Huele a producto nitrogenado, hay descomposición bacteriológica», asegura. Limpiaron la balsa ante su primera queja, pero se ha vuelto a llenar, «o la depuradora que vierte al Prat es insuficiente o no funciona bien o está estropeada», explica sin otro objetivo que el de la búsqueda de solución.

En su opinión, se trata de residuos fecales, «es un problema que ya he visto en años pasados, pero nunca como hasta ahora con tanta materia orgánica», añade este usuario.

Al Prat de Son Bou van a parar las aguas depuradas de toda la zona y, dada la alta ocupación turística que se registra este verano, el volumen del caudal ha aumentado. Pero el Ayuntamiento descarta que se trate de problema alguno, solo admite que puedan producirse malos olores por tratarse de agua estancada.

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«Las depuradoras vierten el agua tratada, no nos consta que haya contaminación», responde Cristóbal Marqués, concejal de Urbanismo y Hacienda de Alaior. El coordinador de playas del municipio inspeccionó el lugar después de la llamada de Cerezo a la Policía Local y su conclusión es que se trata de barro. «Somos los primeros interesados en la limpieza y salubridad de la playa», agrega el concejal.

Admite los malos olores, que atribuye a la estación de bombeo próxima, ubicada en el aparcamiento de la playa y encargada de impulsar las aguas sucias a la depuradora, «que no alcanza todavía el cien por cien (la de Son Bou, la más grande) de su capacidad, aunque se acerca». Asegura Marqués que se hacen análisis  «y no hay incidentes», a pesar de esta denuncia, que Cerezo realiza con la intención de cuidar el entorno de la playa que más usuarios alberga a diario.

Al Prat llega el caudal de dos depuradoras, una por cada una de las urbanizaciones de la zona, Son Bou, Sant Jaume y Torre-solí. Salvo el de la primera, que vierte en las proximidades de Llucalari, las otras vierten el agua tratada al Prat.

Miquel Camps, responsable de Política Territorial del GOB, destaca la elevada capacidad del Prat para absorber agua depurada e incluso para acabar de depurarla si no llega en las mejores condiciones, «las plantas de los humedales están adaptadas para captar nutrientes», comenta. Por esa razón, relativiza la presencia de restos orgánicos cuya presencia, no obstante, condena.

Considera habitual que con la plena ocupación que se observa «las depuradoras se vean superadas y tal vez no hacen todo el tratamiento exigido», dice. Aunque no descarta tampoco averías o funcionamiento indebido.