Imagen de archivo de camiones de residuos en la zona de acceso de la planta de tratamiento de Milà. | JAVIER COLL

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Las fotografías publicadas por este diario el pasado sábado en las que se atestigua el volcado de restos de animales muertos –principalmente procedente de sacrificios de matadero– en el vertedero de Milà han tenido un efecto inmediato. La llegada de este tipo de subproducto de las industrias cárnicas para su eliminación en el horno de incineración del recinto se ha relanzado de golpe, haciendo pensar que los responsables de una práctica que todo parece indicar que se ha producido de forma continuada durante meses han frenado en seco y están afanándose en los últimos días en seguir todos y cada uno los protocolos marcados.

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En estas páginas se desvelaba el pasado martes que se estaba registrando en los últimos meses un llamativo descenso en la llegada de despojos de ganado para ser incinerados como marca la normativa. El pasado junio fue especialmente llamativo que solo llegaran a Milà para su incineración 15,66 toneladas de desechos de animales –los que se descartan para el consumo humano–, cuando un año atrás, en junio de 2021, sin la fuerte recuperación económica que se registra este ejercicio, habían sido más del doble. En la primera quincena de septiembre solo se habían pesado 2,26 toneladas. Eso ha cambiado. Aunque todavía no se pueden ofrecer datos, fuentes de la planta aseguran que la llegada de estos residuos se ha disparado. Los camiones llegan a diario cuando antes no se registraba esta periodicidad.

Presupuestos

Existen otros indicios que hacen concluir que la denuncia del caso ha obrado el milagro, por así decirlo. Fuentes del sector confirman a este diario que las demandas de presupuesto para el transporte de restos de animales a Milà ha crecido sorprendentemente –o no tanto– en los últimos días, cuando el caso ha ido creciendo y virando su foco de la gestión desde la UTE Es Milà, gestora del recinto en concesión, hacia las malas prácticas de sectores que generan restos de animales. Esa irregularidad parece haber frenado en seco, más todavía teniendo en cuenta que la investigación está ahora en manos de la Guardia Civil.