Imagen de archivo de un camión en Milà | C.R.E.M.

Ninguna de las tres plantas de tratamiento de residuos autorizadas en Menorca trabaja con restos de sacrificio de matadero como los aparecidos en el vertedero insular de Milà junto al resto de la basura cuando tenían que haber sido incinerados. Los grandes señalados por los resultados preliminares de las investigaciones internas del Consell no tienen entre sus clientes a la Cooperativa Verge Monte Toro, concesionaria del matadero municipal de Maó, de donde proceden los restos cárnicos (al menos tres cabezas de vaca y una saca de entrañas) que aparecen en las fotografías a las que ha tenido acceso a este diario y que han hecho estallar un caso que, cabe recordar, está siendo investigado por el Seprona de la Guardia Civil.

Las empresas privadas de    tratamiento de residuos reaccionaron ayer con absoluta estupefacción a la principal hipótesis que, haciendo suya la investigación interna ordenada a la concesionaria de Milà (UTE Es Milà), maneja el Consell sobre el origen de los subproductos animales volcados irregularmente en la celda de vertidos. Lo interpretan unánimemente y sin contradicciones como una manera muy poco elegante –por decirlo suavemente– de desviar la atención sobre las responsabilidades que le corresponden a la empresa encargada de la gestión de Milà y a la suya propia como administración supervisora de la instalación a través del Consorci de Residus i Energia.

La única de las tres empresas que tiene alguna relación con un matadero es con el de Ciutadella y solamente está contratada para llevarse el estiércol que generan los animales mientras esperan a ser sacrificados para convertirlo en compost. Solo una de las otras dos tiene alguna transacción relativamente reciente –ya hace dos años y medio– con el matadero de Maó, no fue para recibir desechos cárnicos (no tratan ni transportan esa tipología de residuos), sino para que la Cooperativa Verge Monte Toro se llevara materiales, al parecer para la construcción o reparación de un muro de pared seca.

Visto el comunicado de prensa que publicó el jueves el Consell, en el que descarta una mala praxis de la UTE Es Milà, las empresas privadas de gestión de residuos llaman la atención sobre los controles previos y posteriores al volcado a los que son sometidas como únicas autorizadas –junto al servicio de limpieza y recogida de basura de la vía pública– a acceder directamente al vertedero para verter lo que no logran reciclar en sus propias plantas de tratamiento.

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No solo deben tener toda la documentación en regla y pasar por la báscula para pesar todo lo que entran, sino que después de volcar la carga, el vertido es revisado por personal de la planta y son advertidos rápidamente si, como puede ocurrir, se detectan algunos residuos que no se corresponden con el código LER (Lista Europea de Residuos) que declaran a la entrada y están autorizadas a trasladar al vertedero, básicamente residuos de la construcción y voluminosos, pero también vegetales, en ningún caso subproductos de matadero.

Aquí cobra relevancia el contenido no revelado por el Consell del informe elaborado por la empresa gestora de Milà. Según ha podido saber este diario, en el mismo la empresa viene a reconocer que hace mucho tiempo que viene detectando la entrada irregular en el recinto de restos de animales, adjuntando la fotografía de un cerdo prácticamente entero en el foso donde se vuelca la fracción resto, la basura que no se recicla, tomada el 31 de agosto del año 2021.

Llama la atención que para justificar su hipótesis principal, que los restos de animales podrían proceder de las plantas privadas de tratamiento, la empresa, que ya manejaba esa idea mucho antes de concluir la investigación interna, haya incluido en el informe sobre la misma una relación de mensajes de whatsapp en la que recientemente advertía a una de esas plantas privadas de un vertido incorrecto (no de animales).

Se hace difícil entender que, si lo que califican de un descuido que puede pasar –por ejemplo que se cuelen plásticos en un volcado residuos de obra– ya merece una advertencia por parte de los encargados de revisar la carga volcada, no hayan recibido ningún tipo de advertencia por el volcado de restos de animales de grandes dimensiones como cabezas de vaca o pesadas sacas de vísceras. Más todavía cuando la empresa gestora de Milà está obligada «diariamente» a remover, aplanar y cubrir los residuos con un nivel de tierra de 20 centímetros.

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