Rafel Petrus, en las instalaciones de la empresa, junto a su padre

Rafel Petrus es gerente y máximo responsable de la empresa Bernat Petrus, que este año cumple su cincuenta aniversario como negocio especializado en la venta de pinturas y revestimientos para profesionales y particulares. Fundada en Alaior, donde mantiene sus raíces, desde 2019 dispone de una nave central de 1900 metros cuadrados en el polígono industrial de Maó además de una tercera tienda en Ciutadella. El próximo miércoles intervendrá en el Foro Banca March de la Empresa Familiar.

¿Bernat Petrus es una historia de éxito?

—Jajaja. Supongo que haber sobrevivido medio siglo, cuando la inmensa mayoría de empresas no pasa de los cinco años, puede considerarse un pequeño éxito. Yo creo que el mérito es seguir vivos después de haber pasado buenos y malos momentos.

¿Cuál cree que ha sido la fórmula mágica?

—En Bernat Petrus siempre hemos puesto mucho énfasis en las personas, en el equipo. Miramos de tratar a todo el mundo lo mejor que podemos porque pensamos que ellos van a hacer lo mismo con los clientes. Otra de nuestras razones de ser ha sido la mejora continua, las ganas de avanzar, de prosperar, de hacer las cosas de manera excelente.

¿Qué recuerdos tiene de los inicios del negocio?

—(suspira) Se me acumulan muchos pensamientos, la verdad. Piensa que de los 49 años que tengo, ¡45 los he pasado aquí! Tengo muy presente una época en la que pensaba que mi padre me tenía martirizado porque me hacía pasar por los trabajos más duros que me podía imaginar como, por ejemplo, lijar fibra de vidrio en pleno verano que luego no me dejaba dormir de la escozor. Aquello fue un entreno perfecto para conocer a fondo el negocio.

¿Qué supuso asumir la dirección del grupo con 22 años?

—Visto con perspectiva, estoy muy agradecido del regalo que recibí. Yo no tenía la experiencia que hubiera hecho falta pero su decisión de no tener dos gallos en un mismo gallinero, no solo me legitimó sino que me infundió una confianza para seguir adelante. Me dijo que no me sintiera solo porque siempre estaría a mi lado cuando lo necesitara, pero que veía en mi la ilusión y las ganas de liderar el proyecto.

¿Hasta qué punto cree que condiciona nacer en el sí de una empresa familiar?

—Sí que condiciona mucho pero ello no quiere decir que todo el mundo tenga que ser empresario porque haya nacido en un negocio familiar. Mi padre nació en este entorno, sus hermanos también hicieron empresa y en su momento decidió seguir su propio camino. Yo no creo que esto se repita con mis hijas. A mí siempre me han inculcado la libertad de escoger y es lo que quiero para ellas. No pongo por delante un legado ni que haya una continuidad. Que sigan el camino que les apasione.

¿Cómo está funcionando la nueva tienda del polígono de Maó?

—La nave era lo que siempre había soñado después de pasarnos media vida de alquiler en alquiler. Fue un sueño cumplido del que tres años más tarde estamos más que satisfechos por la trayectoria que llevamos, por el enclave perfecto que tenemos en una zona con otras grandes empresas. De hecho, pensaba que tenía nave para toda la vida pero ya estamos mirando una segunda como almacén porque se nos va quedando pequeña.

¿Qué lecciones le han quedado de la pandemia?

—Un primer aprendizaje es que se puede crecer a pesar de las crisis. Es verdad que tuvimos que cerrar, pero el hecho de quedarnos en casa despertó las ganas de pintar, de reformas, de cambios y para un sector como el nuestro fue muy beneficioso. El segundo aprendizaje reforzó todavía más la sensación de equipo en Bernat Petrus. No fue fácil para ningún negocio lidiar con aquella situación que ahora nos parece lejana, pero fue encomiable la capacidad de respuesta y adaptación que tuvimos.

¿Les asustan los nubarrones que anuncian la llegada de una recesión?

—Te diré mi secreto. Hace más de medio año que no leo prensa, ni radios ni televisión. Sigo la actualidad deportiva, la local de «Es Diari», «El Económico» y poca cosa más. No quiero contaminarme. Menorca lleva una inercia muy buena en nuestro sector con expectativas de trabajo a más de un año. La Isla tiene un gran atractivo y estamos de moda, lo que desencadena todo lo demás. Es verdad que todo puede caer pero intentaremos seguir luchando como siempre lo hemos hecho. Si hemos aguantado hasta ahora, ¿por qué no seguir haciéndolo?