La mar de lletres | Assaig i literatura

Las melancólicas memorias de una rata lectora

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06-11-2015

Firmin
autor: Sam Savage
género: Novela
traducción: Ramón Buenaventura
editorial: Seix Barral
edición: Barcelona, 2007
páginas: 223 páginas
precio: 16,50 euros

Lluís Verges
Maó
Citando el famoso inicio de la novela de Ford Maddox Ford "El buen soldado" , este libro contiene en su primer capítulo la misma frase: "Éste es el relato más triste que nunca he oído". No le falta razón, pues se trata de una narración en la que la melancolía juega un papel capital. Paradójicamente, el humor, junto a la prosa, es otro de los elementos que contribuyen a que ´Firmin' sea una lectura deliciosa.
El protagonista y narrador de este relato es una rata macho criada, junto a sus iletrados hermanos, por su madre en el sótano de una librería de viejo en el Boston de los años sesenta. Para Firmin, que así se llama nuestro amigo roedor, los libros son primero su alimento. Más tarde empieza a leer, un poco por aquí, otro poco por allí, en los bordes de sus comidas. Y al transcurrir el tiempo fue leyendo más y masticando menos para terminar pasándose prácticamente todas las horas de vigilia leyendo y comiendo sólo los márgenes.
Así la educación sentimental del ratón se forja en las páginas de "Oliver Twist", "Huckleberry Finn", "El gran Gatsby", "Las almas muertas", " ", "Alicia en el país de las maravillas", "Las uvas de la ira, "Rojo y negro", "El amante de Lady Chatterley", y otras obras cumbres de la historia literaria que toma de las estanterías de ficción de la librería que regenta Norman Pembroke.
Pero no sólo de la lectura vive Firmin y a veces hace escapadas fuera de su hogar para ir el cine Rialto, donde se convierte en un incondicional de las sesiones golfas. Y es que a Firmin no le interesan las hembras de su especie sino las humanas, desde que en un cartel de teatro vio a dos beldades (como él las llama) sin apenas ropa. Fruto de sus afición cinematográfica, se enamora de  Gingers Rogers aunque no es extraño porque él se ve a sí mismo como Fred Astaire. Cuando ve su auténtica imagen en el espejo se asusta y hace todo lo posible para olvidarla e imaginarse de nuevo como un bailarín de claqué.
La alimaña urbana recuerda en sus memorias sus aventuras, sus lecturas, sus ensoñaciones con las beldades, sus intentos de hacerse amigo de Norman, los problemas de barrio de Boston donde habita, objeto de los planes municipales de modernización.
Nuestro amigo es consciente de que su formación literaria no le ayuda a vivir mejor sino todo lo contrario. "Si hay algo -dice- para lo que resulte útil una formación literaria, es para dotarlo a uno de un sentido de la catástrofe. No hay nada como una imaginación vívida para desvitalizarle a uno el valor. Leí el diario de Anna Frank, me convertí en Anna Frank. Los demás, en cambio, tenían sus momentos de gran terror, se escondían por los rincones, sudaban de miedo, pero tan pronto pasaba el peligro ya era como si nunca hubiese existido, y seguían triscando por ahí tan contentos. Tan contentos, hasta que alguien los aplastaba o los envenenaba o les rompía el cuello con una barra de hierro. Yo, por mi parte, he vivido más que todos ellos y, a cambio, he muerto mil muertes distintas".
El libro, excelentemente traducido por Ramón Buenaventura, es obra de un autor hasta ahora  desconocido. Sam Savage publicó su libro en una pequeña editorial y se hizo famoso gracias a la recomendación de lectores y libreros. Yo me sumo a ella.

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