José Manuel, en el huerto urbano que cultiva, en la zona de Josep Anselm Clavé de Maó. | F. S.

José Manuel Domínguez está en paro y capea su situación cultivando un huerto urbano que le adjudicó el Ayuntamiento de Maó y dando paseos por el campo que, en esta época, le llevaron el pasado martes a buscar espárragos silvestres por la zona próxima a la urbanización Jardins de Malbúger. Nunca se imaginó el hallazgo macabro de un cadáver medio descompuesto como el que protagonizó, el del hombre que murió solo, en una tienda de campaña, a escasos metros de la transitada Vía de Ronda de Maó.

«Volví a casa con tres espárragos y el corazón que me iba a mil», afirmaba ayer este gallego afincado hace más de 25 años en la Isla, hombre curtido porque asegura que en su Pontevedra natal «he visto lobos y no me causaron tanta impresión como esto».

Eran alrededor de las cinco y cuarto de la tarde cuando descubrió el cadáver medio cubierto, presuntamente del ciudadano alemán Michael Hoffman según el nombre que apareció en la documentación junto al fallecido, y que estaba ya descompuesto. «Solo se veían huesos», el cráneo y la mitad inferior de las piernas, como si al hombre le hubiera sorprendido la muerte tumbado boca arriba y medio arropado.

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