Grabación de una cámara de seguridad en la Península donde se aprecia el robo de un cajero automático con un camión.

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Robar un camión grúa, arrancajar de cuajo un cajero automático, llevarlo a un descampado y abrirlo con mazas o una radial para sacar los billetes que guarda en su interior. El plan es tosco y descabellado para cualquier persona en sus cabales, pero lo cierto es que lo sucedido esta semana en Ciutadella tiene precedentes en toda España y algunos muy recientes. Sin ser un tipo de robo habitual sí es un modus operandi que demasiadas veces permite al criminal salirse con la suya.

El pasado mes de marzo la Guardia Civil desarticulaba en Madrid y Levante una banda especializada en el robo de cajeros automáticos con esta técnica. Lo suyo no era el trabajo fino ni la discreción, pero a lo bruto lograron sustraer 18 máquinas cargadas de billetes en pueblos de Andalucía, Murcia y la Comunidad Valenciana. Elegían cajeros aislados en lugares donde fuera fácil huir. Igual que en Ciutadella y Cala Galdana. Pero a diferencia de lo sucedido en Menorca, ellos obtuvieron un botín de medio millón de euros, mientras que reparar los destrozos de su fechoría costó más de 700.00 euros. Entre los ocho detenidos había españoles, búlgaros, albaneses, kosovares y serbios.

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Este mismo verano han vuelto a repetirse robos con la misma técnica en otras partes de España. El 15 de junio los ladrones asaltaban una empresa de transporte de localidad murciana de Camposol para llevarse un camión que fue utilizado minutos después para arrancar un cajero. O el municipio de Nerja, en Málaga, donde principios de agosto fue robado un camión pluma que se utilizó para cargar un cajero del parking de un supermercado. Lo llevaron hasta un campo de aguacates para desvalijarlo. Lo mismo en Vélez-Málaga o meses atrás en la localidad alavesa de Pobes, donde los vecinos se quedaron sin el único cajero automático del pueblo.

Tal como ocurrió el pasado lunes en Ciutadella, los cajeros independientes que están en un parking o en la vía pública son los preferidos por los delincuentes, ya que al no estar empotrados en una fachada son más fáciles de arrancar con el camión. Luego toca cargarlos con la grúa. Allí es donde fallaron los ladrones que actuaron Menorca. No fueron capaces de operar la pluma del vehículo y optaron por dejar la máquina tirada en el suelo sin consumar el robo. Tuvieron el tiempo justo para huir campo a través y volver a dejar el camión en el parking donde lo habían robado. Esta vez el plan no les salió bien.