Fiscales, abogado y acusado, en la sesión de este martes en la Audiencia

Conocidos de la pareja, su madre y su hermana coincidieron este martes en referirse al control absoluto que ejercía el acusado sobre la mujer. Un amigo confirmó que él era consumidor habitual de drogas, no así la víctima. La que sería su novia posteriormente aseguró que la incitó a que se drogara con él en varias ocasiones. Añadió que le ofreció formar parte de la empresa, «supongo que para que no se perdiera todo», dijo la joven. Cuando se enteró del fallecimiento de su anterior mujer, le pidió explicaciones «dijo que fue un accidente y que había avisado a Emergencias y a su abogado».

Una vecina de la pareja, cuando ambos vivían en Cala Blanca, relató que un día en 2013, «ella llamó a mi puerta y cuando abrí la vi con la cara desfigurada, temblaba y lloraba y me pidió que la acompañara al médico porque se había escapado por la ventana cuando él se había quedado dormido» tras apalizarla. A raíz de este episodio, la víctima acabó en la casa de acogida pero dos meses después regresó con él.

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María Caridad Montilla, madre de Elisabeth, dijo que no se creyó que la muerte hubiera sido un accidente cuando él la llamó para decírselo. «Era muy posesivo, cuando Eli venía a Venezuela debía llamarle y él le decía qué ropa debía ponerse, la insultaba». Afirmó que sí reclamaba la indemnización que ha fijado el fiscal -150.000 euros- y recordó que «él me acosaba todos los días llamándome para que renunciara a todo lo de mi hija».

Un hecho que alertó a la Policía fue que el hombre tardara en ir a declarar tras ser citado y que lo hiciera acompañado de un abogado cuando iba en calidad de testigo. Tras su detención se negó a participar en la segunda reconstrucción de los hechos porque no había escuchado los audios que le habían incriminado.