Imagen del cementerio de Alaior | Gemma Andreu

La tradición comienza a recuperar el pulso. La normalidad no se ha instalado aún, pero cada vez está más cerca. En una situación sanitaria mucho más favorable de la que teníamos el año pasado por estas fechas, Menorca cumplió este lunes con la costumbre de honrar a quienes ya no están entre nosotros con una visita al cementerio. Los camposantos de la Isla lucían ayer como toca el 1 de noviembre, bien floridos como un homenaje a la memoria.

Hábitos que perduran pero en los que se empiezan a notar ciertos cambios de comportamiento. Si antes de la pandemia ya se veía que cada año las visitas a los camposantos eran más escalonadas, la tendencia se acentúa ahora por la pandemia y con el objetivo de evitar aglomeraciones. Algo que este año se ha visto además favorecido por coincidir la festividad de Todos los Santos con un largo fin de semana.

Un cambio de comportamiento que también han notado en las tiendas especializadas en la venta de flores. Así lo explica Maribel Seguí, de la floristería Marian en Ciutadella, donde las ventas se ha extendido más de lo habitual a lo largo de la semana. La buena noticia para el sector es que parece que el negocio no se resiente gracias a la fortaleza de la tradición.

Pese a que la situación invita a relajar las medidas, en Maó han apostado por seguir siendo precavidos, con normas muy similares a las del año pasado. En el municipio de levante se ha mantenido el control de aforo de 2020 y la señalización de las vías para evitar aglomeraciones.

En Alaior, en cambio, las medidas, aunque con las lógicas precauciones, no se aplicaron en esa línea. Con lo que sí se cumplió es con una tradición que se prolonga en el tiempo durante algo más de 150 años, la ofrenda floral con la ambientación musical de un representante de la Banda de Cornetas y Tambores, que interpretó el    toque de silencio en señal de duelo por quienes ya no están.

Un acto similar al que se celebró en Ciutadella, aunque sin música, con la lectura de una plegaria por parte del obispo de Menorca, Francesc Conesa, en un acto en el que participó la corporación municipal encabezada por la alcaldesa Joana Gomila.