Las hermanas hicieron gala de las tablas que tienen sobre el escenario durante la fiesta de apertura de las fiestas. | Gemma Andreu

Reconocen las hermanas Xisca y Maria Riudavets que «siempre nos ha gustado mucho disfrazarnos, salir a cantar y actuar». Es    por ello que ayer, subidas a un escenario, se mostraban «muy contentas» de dar la bienvenida a las fiestas de Sant Llorenç. Una cita especial también por lo esperada, dado que ya estaba previsto que fueran las pregoneras en 2020. Hablaron las hermanas de «unos tiempos de confusión que, según como se mire, no son tan malos, y la mejor prueba es que estamos aquí, inaugurando las fiestas, algo que hace unos meses no teníamos tan claro».

A Xisca y Maria les hubiera gustado hacer el pregón «como las Baccara o las Azúcar moreno», confesaron, pero ni falta que hace ya que van sobradas de personalidad, de arte y también de sentido del humor. Tres elementos que destacaron a lo largo de un discurso que arrancaron cantando a dúo al ritmo de la música de los «Pastorets» con los cuernos de demonio como parte de su vestuario.

Bien sabido es que los pregones, además de un canto de amor al pueblo de uno son una ocasión que siempre da pie a rememorar el pasado. Las hermanas rescataron divertidas anécdotas de su infancia, de cuando iban a la escuela de «las Hermanas Carmelitas Descalzas Misioneras de la Reina del Carmelo...», de sus éxitos deportivos en el fútbol y el baloncesto, de cuando su familia llevaba el Casino y, por supuesto, de su etapa como comerciantes. «Ses Germanes fue mucho más que una tienda de ropa, era un centro social, y más veces de lo que os podéis imaginar era casi un confesionario, solo faltaba el capellán», recordó María.

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La velada también sirvió para rendir homenaje a su familia. A su padre pero de una forma muy especial a su madre, a quien pusieron como ejemplo «de todo lo que hemos avanzado las mujeres... Y ahora ni un paso atrás», clamaron las hermanas ante los asistentes al acto en la avenida de Pare Huguet. Recalcó Xisca que Alaior significa mucho porque es donde «además de a nuestros padres, hermanos, amigos y amigas, hemos conocido a los padres de nuestros hijos, a quienes hemos educado y hoy representan la imagen de nuestro bien estar... Ay los hijos, la madre que los parió».

La vis cómica de las Riudavets, que pertenece a una gran familia de artistas, fue la protagonista de un acto rebosante de humor, pero en el que también hubo espacio para la reivindicación. En ese sentido recordaron cómo, tiempo atrás, en Alaior llegaron a coexistir hasta cuatro teatros. «Vale que los tiempos han cambiado, pero ahora no tenemos ni uno y eso es demasiado poco, no hay derecho», dijo Xisca. A lo que su hermana añadió: «Yo creo que ya nos toca. Un teatro es un lugar de reunión social y de cultura viva».

Tras el pregón, actos protocolarios, como el primer toc | Gemma Andreu

Las Riudavets recordaron que la última obra que se representó en un teatro de la población, en el Cine España, fue «Soñé una noche», de un autor alaiorenc. «Y nosotras hemos ‘soñado una noche’ que íbamos al teatro de Alaior, unas veces como espectadoras y otras como actrices y cantantes».

Al hilo de ese deseo, dijeron que «seguro que un buen acuerdo entre nuestro Ayuntamiento y algunos representantes de la próspera industria alaiorenca permite financiar esta idea y hacer realidad este sueño», concluyeron antes de ofrecerse para actuar en la noche de estreno.

Durante el acto se homenajeó a la caixera Maite Verger por haber participado 25 años en la qualcada. | Gemma Andreu