El capitán Simón Vidal en el puente de mando.  | Santiago Torrado

El «Aita Mari» es un viejo atunero color azul marino que hasta hace poco tiempo se llamaba «Stella Maris Berria». En la banda de estribor se anuncia el propósito que lo lleva cada año a patrullar las aguas del Mediterráneo Central: «Rescue Zone» dice, como una promesa, como un deseo. Desde 2017, este barco nacido en los astilleros guipuzcoanos de Getaria abandonó las redes y los utensilios de pesca para devenir embarcación de salvamento humanitario. Atracado en el puerto de Maó desde el lunes se puede visitar hasta el próximo 18 de noviembre. Simón Vidal tiene 34 años, es natural de Valencia y desde hace algún tiempo es el capitán del «Aita Mari». En diálogo con «Es Diari» cuenta su experiencia en el mar. «Siempre estuve vinculado a cuestiones sociales, cuando tomé dimensión de la crisis migratoria y humanitaria en el Mediterráneo comencé a colaborar con Salvamento Marítimo.    



Humanitario (SMH) hasta que llegué aquí». Venidos de Cuba, Argentina, Uruguay, España y Senegal entre otros países, la tripulación de este barco es un reflejo plurinacional de su vocación rescatista y humana. Vidal señala que «además de la embarcación, esta ONG impulsa otros dos proyectos: uno vinculado a la educación para la transformación social, en virtud del que estaremos dando charlas por colegios e institutos junto al Fons Menorquí de Cooperació, y otro en el campo de refugiados ubicado en la isla griega de Quíos, siendo la única organización que todavía permanece en ese territorio».

El desafío de la migración

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Trabas burocráticas, inspecciones sorpresa e incluso detenciones arbitrarias y procesamientos judiciales. Las aguas turbulentas de la Unión Europea se vuelven cada vez más complicadas de navegar para las misiones humanitarias. En este sentido, Simón confiesa que, tras la victoria de Giorgia Meloni en Italia, la tensión entre las embarcaciones rescatistas y las autoridades navales italianas es cada vez más difícil de manejar. «Hay gente que ha pasado mucho tiempo en embarcaciones precarias, con frío, con mucha violencia. Como toda respuesta el gobierno italiano está forzando las interpretaciones sobre las leyes europeas para evitar asistir a los migrantes. Esta actitud genera situaciones de mucho estrés abordo». El «Aita Mari» zarpará rumbo al Mediterráneo central para patrullar la zona y notificar a las autoridades costeras de los países colindantes la eventual existencia de embarcaciones con migrantes e intervenir si estas no acceden a rescatarlos. «Hay gente que está arriesgando su vida por cruzar el mar para salir de la miseria y la violencia. No podemos permitir que Europa siga mirando hacia otro lado mientras el Mediterráneo se convierte en un cementerio», enfatizó Simón Vidal.