Nito Xuquí fue presidente del Cor Illa de Menorca antes de fundar la empresa de promociones culturales Matxani.

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-¿Por qué se pone ahora a trabajar como promotor?
-Creo que la oferta operística, que es la que más y mejor conozco, necesita diversificarse. La gente tiene que conocer otros tipos de ópera, con otros montajes, con otros cantantes y producciones diferentes. En resumen: novedades y todo ello al mejor precio. La máxima nuestra sería la más alta calidad al menor precio. Esto es difícil, porque la ópera es un espectáculo caro y cuesta encontrar patrocinadores, pero a la que encuentras alguno el precio para el público ya baja. Con un mínimo apoyo los precios bajarán. El otro gran punto de interés es que los más pequeños conozcan la ópera. Es fundamental. He pasado ya por todos los institutos para que sepan que tienen las entradas a 3 euros, casi regaladas, para acercar este arte a los jóvenes.

-¿Quiere marcar distancias con Amics de s'Òpera?
-Queremos sólo hacer una ópera diferente. Tenemos 400 años de historia de este tipo de espectáculo y dan para mucho. En Menorca siempre se ha hecho siempre una producción básicamente italiana, sobre todo Verdi y Puccini, y no se sale de aquí. Creo que la producción de cuatro siglos da para más. Parece mentira que no se haya hecho nunca un Mozart cuando es uno de los compositores más importantes y de Wagner ni se puede hablar. Esto sucede ahora. Antes no. A principios del siglo XX se hizo Lohengrin.

-¿Cómo se rompe esta supremacía italiana?
-Este verano haremos la primera ópera barroca inglesa que se representará en Menorca «Dido y Eneas». Es de Henry Purcell, un compositor del siglo XVII. Se estrenó en 1689 y será un primer paso para dar a conocer otro tipo de ópera distinto al clásico o neoclásico que más se ha visto aquí. Sólo quiero mostrar al público algo distinto pero sin ánimo de entrar en polémica con nadie.

-¿Por qué domina la ópera italiana en Menorca?
-Es una tradición casi ancestral. Desde el primer momento aquí se realizó ópera italiana. En el Principal de Maó desde 1829, hay una supremacía casi total. Incluso hubo óperas francesas que se estrenaron italianizadas en la isla. La gente se acercó mucho a ese estilo y no se interesó por las obras francesas, alemanas y demás. ¿Por qué? No lo sé. Pero hablamos de una época en la que había mucha ópera en la isla y la gente iba en masa a los teatros. En Maó vivían 5.000 personas y se llegaron a representar hasta 80 piezas distintas en un mismo año. Cuando se fundó Amics de s'Òpera se siguió haciendo lo mismo. La ópera es hoy un acto social, no cultural. Y los ciudadadanos tampoco tienen ganas de escuchar estilos poco conocidos o o interesarse por el mundo de la ópera. Antes los obreros se conocían las piezas a la perfección y sabían discernir quien tenía la mejor voz para cada uno de los personajes y quien lo hacía mal. Era un público crítico que ahora no existe.

-¿Se puede afirmar entonces si los menorquines entiende suficientemente de ópera o sólo sigue una tradición?

-Yo creo que, mayoritariamente, no es entendida en ópera. Hay una afición al mundo de la lírica pero no hay verdaderos entendidos en ópera. Principalmente el público que acude a las representaciones es quien le puede gustar como cantan pero ni conoce la ópera, ni sabe bien qué va a ver y todo les parece bien, aunque los cantantes lo hagan mal. Pero se lo tragan todo. Hace falta más ópera, más entendidos y más críticos. Hay muchos autores desconocidos y ya no hablemos de la ópera contemporánea, la de Puccini, hasta nuestros días. No se ha hecho nada. ¿Cómo podemos enganchar a un público joven con unas piezas antiguas, decorados de cartón-piedra y unos actores que se mueven igual que hace 50 años? Tenemos que darles algo diferente.

- ¿Cuál es la situación de la lírica en Menorca?
-Actualmente hay cuatro profesionales, con Joan Pons a la cabeza y detrás están Lluís Sintes, Simón Orfila e Ismael Pons. También hay algún joven que está estudiando canto, y es un aspecto que hay que cuidar. No basta con tener buena voz, musicalidad y saber estar en el escenario para triunfar, también está el factor suerte para salir adelante.