El guitarrista recibe de manos del alcalde Pere Riudavets el título de Hijo Adoptivo de la población.

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El músico de origen escocés David Russell, considerado uno de los mejores concertistas de guitarra del mundo, añadió anoche su nombre al de otros dos hijos predilectos de Es Migjorn, el Metge Camps y el Mestre Andreu Ferrer i Ginard. En una sala de actos completamente abarrotada de público, Russell, una leyenda viva entre los guitarristas clásicos de todo el mundo, recibió de manos del alcalde, Pere Riudavets, la Medalla del Ajuntament, con el escudo de la ciudad, y el diploma acreditativo que lo convierte desde ayer en Hijo Adoptivo de Es Migjorn.

El prestigioso intérprete escocés viajó al pueblo donde pasó buena parte de su infancia y juventud acompañado por su esposa gallega, la también guitarrista Maria Jesús, y su hermano menor, Vicent. Ex concejales de Cultura y ex alcaldes de Es Migjorn, representantes de entidades ciudadanas del municipio, y amigos del genial músico asistieron al acto institucional. Tampoco quisieron perderse el homenaje el historiador británico residente en Menorca, Bruce Laurie, y el presidente de Joventuts Musicals de Ciutadella, Andreu Torres. La presidenta del Consell de Menorca, Joana Barceló, encabezó la representación de las autoridades, junto al teniente de alcalde de Sant Lluís, Llorenç Carretero, y el delegado territorial de «Sa Nostra», Francesc Domènech.

En su discurso, el alcalde, Pere Riudavets, destacó la «brillante trayectoria de David Russell como intérpretre, creador y recreador de la guitarra clásica».

A continuación, el profesor Joan Francesc Tudurí, que fue maestro de Russell en los sesenta, durante sus años de enseñanza en la escuela unitaria del pueblo, destacó la entrañable relación de afecto que, desde siempre, le vinculó al joven músico. Tudurí arribó a Es Migjorn en 1962, después de aprobar las oposiciones, y desde esa fecha hasta 1968 se hizo cargo del centro educativo. «Aquellos tiempos, en los que no se había iniciado todavía eboom turístico -recordó- eran tiempos propicios para la conversación y el cultivo de la relación con los demás». En este ambiente, tuvo la ocasión de disfrutar del trato «educado y afable» que siempre le dispensó su alumno, del que destacó «su alegre vivacidad y su amor por el saber». «Estimat David», concluyó Tudurí, «aquest poble és el pare afectuós que t'has guanyat».