Llorenç Pons empieza a sorprender gratamente casi tanto como su padre.Fotos:C.F.

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Un visionario a caballo ha hecho enloquecer a medio mundo. Que sigue delirando, cuatro siglos después. Muchos locos andan sueltos por culpa del Quijote que, día tras día, no deja de ganar adeptos.

El Cercle Artístic de Ciutadella ha decidido hacer algo por la causa y, desde anoche, exhibe las creaciones de nueve pintores y otros tantos escritores enloquecidos con las andanzas del hidalgo de la Mancha.

Lo admite Fátima Anglada. «Jo també vull ser viatger del món universal i anònim, d'antuvi perdonat pels lectors, perdre la noció de la realitat i celebrar-ho durant quatre-cents anys...». Un personaje inmortal.

Todos locos por «Don Quijote de la Mancha», pero todos a su estilo, desde su particular prisma artístico. Como si hubiera tantas realidades como las que recreó en su mente el personaje de Cervantes.

«Con la iglesia hemos topado, amigo Sancho», dicen Pau Faner y Joan Elorduy. Y Dani Bagur describe con gracia el por qué de tamaña y acompasada inclinación de templo y caballero.

Obras visuales -impecables algunas- con ingeniosas reflexiones adosadas. Como la que hace Juan Luis Hernández del llamativo cuadro de Rafel Jofre. Siempre tan realista. «Un lápiz que huele a utopía y una goma de borrar que imprime una nota de lógica ante el idealismo quijotesco. El lápiz es el símbolo del loco aventurero castellano y la goma de borrar, redonda y canija, huele a escudero». El profesor concluye que «el Quijote era el lúcido» porque «vio lo invisible. Porque, al fin y al cabo, lo que hace mover esos molinos no es otra cosa que el invisible viento».

También lo cree así Ignasi Mascaró que, comentando la pintura de Blas García, recuerda como, «cansat de fer el pallaso, bujot de palla, aquell Noble caixer va recobrar el seny a darrera hora i va dictar testament. La llum apareix al final, en diuen lucidesa».