Cartas del lector

El turista

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No creo que haya muchos que se «declaren» ya que todo turista viene a pasar sus vacaciones y basta. Para mí no es lo mismo, porque soy una verdadera enamorada de esta isla, me encanta su gente, sus fiestas, sus pequeños comercios. De Menorca, todo.

Llegué aquí en los años 80, por primera vez, el medio mas barato era el barco ya que no existía el low cost. En el aereopuerto había una gran explanada donde se podía aparcar el coche gratuitamente..., ahora en cambio hay que pagar hasta los 15 minutos que te quedan para despedirte de los amigos...

Recuerdo que podías llegar a las playas cruzando los caminos particulares de las fincas: se abrían unas tanques y se cerraban, simplemente. Claro, eran otros tiempos. Por supuesto que hoy todo ha cambiado: somos demasiados. No hay sitio para todos. En el puerto de Mahon -que podría ser peatonal-, es imposible aparcar, además ahora es pagando, y les aseguro que la guardia urbana no da respiro: una rueda de la moto encima de la acera son ¡¡¡200 euros!!!

En fin... el turismo se ha triplicado y mas, y Menorca lo necesita, gracias a los turistas su economía ha mejorado, ya pueden presumir (con las islas Baleares) el per capita más alto de España...¿Pero qué les ofrecen los menorquines a cambio? El sol y el mar no cuentan, ya que son un regalo de la naturaleza. Así que solo quedan las playas... Pff! En las playas a las que puedes llegar en coche, es prácticamente imposible aparcar y tiene que ser en explanadas de tierra tan llenas de baches y cráteres, una verdadera gimcana. Véase son Parc, son Bou, Santo Tomás. En Binigaus las rocas se caen, y no hay ninguna red de contención...Ni hablar de Turqueta o Macarella, allí a las 9 de la mañana el cartel ya pone completo, sin hablar de Pregonda: son 40 minutos andando, bajo el sol y cargados y a veces con niños.

En fin, cada año es mas dura la vida del turista en Menorca, sobretodo para aquel que no quiere estar todo el día en la piscina del hotel. Sobretodo para aquel que ama vuestras playas, y que son accesibles solo caminando muchos kilómetros por el Cami de Cavalls, normalmente incómodo, lleno de piedras: precioso por supuesto, un recorrido estupendo, justamente ¡¡para los caballos!!

Así somos los turistas en Menorca: ¡unos cavalls!