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El mensaje de Navidad que ha ofrecido el rey Felipe VI ha estado cargado de buenas intenciones, pero no ha aportado propuestas, más allá de las esperadas apelaciones al diálogo y a la unidad, para dar respuesta a las reivindicaciones de Catalunya, que constituyen el principal desafío que afronta hoy el Estado. El rey reina, pero no gobierna, es cierto.

También tiene la oportunidad de sugerir, desde sus funciones, límites y cautelas institucionales, los planteamientos para solventar los nuevos retos políticos y sociales de España. La 'cuestión catalana', que históricamente ha marcado la agenda política española, ha de solucionarse, según Felipe de Borbón, con el actual ordenamiento constitucional, pero desde la perspectiva de Catalunya, está en el origen del problema.

Hay que valorar el decidido apoyo a los colectivos que ejercen la solidaridad y gestionan la enseñanza, pero en este momento de cambios, cuando nos hallamos en una encrucijada que exige decisiones y actuaciones, el rey, con madurez y generosidad, debe ser el motor que, desde la jefatura del Estado, abra nuevas perspectivas para integrar la diversidad y la pluralidad en el conjunto de España.