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La decisión del ministro Montoro de levantar el control de las finanzas del Govern tras un año de supervisión absoluta y milimétrica ha de ser valorada desde dos perspectivas. En primer lugar, confirma que Balears, gracias al esfuerzo realizado, está saliendo de la crisis. Pero también evidencia que el paternalismo del titular de Hacienda es contraproducente para una comunidad productiva, que por la solidaridad regional, da al Estado más de lo que recibe.

Las Balears somos una autonomía mal financiada, endeudada y sometida al control del Gobierno central. La deuda que soportamos estaría en buena parte amortizada si no tuviéramos que asumir esta excesiva factura de solidaridad.

Hasta el estallido del conflicto catalán con el golpe a la economía del Principado -cada vez más evidente- y al conjunto de la marca España, la recuperación económica iba a buen ritmo. Ahora vuelven a aparecer dudas y sombras. Debe imperar la prudencia -el seny sobre la rauxa-. En este contexto difícil el Govern ha de exigir un sistema de financiación más justo para Balears, que potenciará la capacidad inversora de las Islas y ahuyentará tentaciones de excesiva tutela desde Madrid.