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El denominado «Plan Integral de Descarbonización de Menorca», presentado ayer por el Govern y el Consell, incluye una serie de iniciativas, a desarrollar hasta el 2030, para conseguir que el 85 por ciento de la energía eléctrica que se consume la Isla sea generado con renovables. Un conjunto de propuestas «para alcanzar la transición energética en Menorca» que precisan, en conjunto, una inversión de 600 millones de euros.

Hay amplio acuerdo, entre las instituciones, partidos, sector privado y entidades, para que Menorca sea zona piloto de la Unión Europea en la utilización de las energías renovables, un proyecto que adquiere más sentido al ser una Isla declarada Reserva de Biosfera por la Unesco. Los menorquines tenemos derecho a soñar y aspirar a conseguir en once años un 85 por ciento de renovables, un objetivo legítimo, que nadie discute, pero la clave está en el plan económico-financiero y la dotación de recursos que, mediante un calendario plurianual, garantice la obtención de resultados. O sea, pasar de los anuncios a los hechos. No se puede fiar exclusivamente de la Unión Europea, también el Gobierno central debe implicarse y aportar los recursos que necesitamos.