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El cierre de la fábrica de calzado Salord Jover de Ciutadella se añade a la desaparición de otras empresas del sector industrial de Menorca, que desarrolló una gran actividad -con la creación de miles de puestos de trabajo- a través de la manufactura de la bisutería y el zapato. Nos hallamos ante una mala noticia, porque concluirá una trayectoria empresarial iniciada hace 84 años, aún cuando se intentará mantener la gestión comercial.

El desenlace de Salord Jover, que afectará a unos treinta empleados, constata el declive de la industria menorquina y, al mismo tiempo, la lucha de las empresas que luchan para sobrevivir. Producir en Menorca es más difícil y gravoso por los sobrecostes derivados de la insularidad -no somos región ultraperiférica como Canarias, pero somos islas como el archipiélago atlántico, que recibe cuantiosas ayudas-; por las dificultades de la escasa conectividad, la disminución de la competitividad, la escasa masa crítica de la población y también influye la acusada estacionalidad.

Añadamos ahora el aumento de los fletes, que agudizará las dificultades para que la industria manufacturera de Menorca pueda subsistir. Necesita menos costes, medidas e incentivos.