Editorial

Una dolorosa decisión personal para salvar a la Monarquía

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Desde que la ciudadana alemana Corinna Larsen afirmó -en una conversación grabada por el excomisario José Manuel Villarejo- haber actuado como testaferrro del rey emérito, Juan Carlos I, la Justicia investiga la veracidad de esta acusación.

La repercusión pública de estos «ciertos acontecimientos pasados de mi vida privada» motivó que ayer tarde comunicase su «meditada decisión» de trasladarse fuera de España para que su hijo, Felipe VI, pueda desempeñar sus funciones «desde la tranquilidad y el sosiego» que exige la Jefatura del Estado.

Esta dolorosa decisión persigue como principal objetivo salvar a la Monarquía española, porque la ejemplaridad exigible a Juan Carlos I está hoy seriamente cuestionada. Proyecta una sombra que ya no protege a Felipe VI, sino que constituye una severa amenaza.

El rey emérito debe autoexiliarse para salvaguardar a la institución de la Corona en la persona de su hijo. Triste destino para quien vino de Estoril para aprender el oficio de rey y acaba expatriándose. Don Juan Carlos está hoy bajo sospecha. Al salir de España deja toda la responsabilidad y el futuro de la Monarquía en manos de Felipe VI y Doña Letizia.