Editorial

El amiguismo y la deshonestidad no caben en la Administración

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La polémica adjudicación del concurso para la concesión del puerto de Calanova implica al exconseller de Turismo Carlos Delgado y lo lleva al banquillo de los acusados. Según el auto dictado por la titular del Juzgado de Instrucción número 2 de Palma, hay indicios racionales de, al menos, los delitos de prevaricación y tráfico de influencias, por lo que ordena la apertura de juicio oral contra Delgado y otros cinco imputados.

Las pesquisas han acreditado la existencia de una relación de amistad, así como vínculos societarios y personales entre los imputados. Quien durante su etapa política como alcalde de Calvià y conseller se autoproclamaba adalid contra la corrupción y exigía ejemplaridad a los demás, tiene ahora una magnífica oportunidad para demostrar que su actuación no sólo fue legal, sino que además respetó los principios de la ética y la moralidad.

El auto del juez, que abre el juicio, considera acreditada la «existencia de una influencia o presión moral ejercitada por Gelabert sobre su amigo Delgado». Es el momento de despejar todas la dudas y acabar con estas graves imputaciones, porque la Administración no puede amparar ni la deshonestidad ni el amiguismo,