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Los consumidores constatan como la cesta de la compra se encarece semana a semana, con independencia de las tasas de inflación. El IPC final de España ha repuntado en enero una décima más de lo anticipado hasta el 5,9 por cien anual; mientras que el subyacente confirma el 7,5 por cien. Las medidas del Gobierno para contener el alza de los precios, en especial la reducción del IVA en los alimentos básicos, no impiden su aumento, a pesar de alguna moderación en el gas y la electricidad. Todo ello provoca un clima de desconcierto entre la ciudadanía, que observa con incredulidad los pronósticos optimistas de la economía española para este año mientras su bolsillo sigue castigado.

La inflación acumulada supera con creces los aumentos salariales, agravados por alzas importantes los préstamos hipotecarios. En este escenario de creciente preocupación ciudadana, las propuestas gubernamentales no están teniendo el efecto deseado con independencia de los resultados macroeconómicos. España, junto con la Unión Europea, alejan el peligro de la recesión económica a costa de un gran esfuerzo de toda la sociedad. Contener la inflación exige un paquete importante de medidas, cuyo efecto está lejos de ser inmediato. Controlar el alza de los precios para las economías domésticas, las más castigadas, tardará en hacerse efectivo, lo que no es una buena noticia.