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La Policía Nacional ha detenido a una madre que dejó a su hijo de corta edad, en un piso de Palma, al cuidado de su otra hija de diez años, y y que finalmente cayó por un balcón desde un segundo piso, al asomarse. Es solo la punta del iceberg de una tendencia alarmante que constata que los delitos contra los menores se están incrementando en Balears. Un dato muy preocupante es que muchos de esos delitos son de naturaleza sexual y las víctimas, menores y adolescentes, quedan marcados de por vida por aquellas experiencias traumáticas.

Tanto la Policía Nacional como la Guardia Civil cuentan con grupos especializados en la ayuda a menores, pero    las plantillas son escasas y el Gobierno debería reforzarlas de forma urgente. En muchos casos, los abusos y excesos contra niños y niñas están directamente relacionados con la precariedad económica y la crisis habitacional, que obliga a familias a compartir minúsculos habitáculos con desconocidos. Otra realidad inquietante es que ciertas bandas afincadas en el Archipiélago captan a adolescentes para que cometan delitos, a sabiendas que debido a su edad son inimputables o las consecuencias penales contra ellos serán mínimas. El problema radica en que aquellos menores, cuando alcanzan la mayoría de edad, no pueden salir de aquellas pandillas y muchos de ellos acaban en las cárceles de las Islas, con condenas por robos y atracos.