Xerradetes de Trepucó | Martín Mata Goñalons

Memorias del Hipódromo Mahonés (14)

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Margarita Caules Ametller
En las dos primeras entrevistas que hice a los señores Carreras y Miguel es practicant, me citaron insistentemente a Victoriano Mata, desde entonces cada semana se me ha ido hablando de los Mata, y no Matas, como se les suele llamar.

Es probable que debiera haber empezado cronológicamente y no con Martín Mata Goñalons, pero debido a mi aprecio personal con el mismo, no he dudado que éste sea el primero de la saga.

Tendría yo poco más de 9 ó 10 años cuando él entró a trabajar en calidad de escribiente en el taller de Gori. Era un joven peculiar, sempre anava molt estirat. Mi padre había sido muy buen amigo del suyo, al igual que de su familia paterna.

Vino al mundo en San Clemente el 7 de enero de 1938, en plena guerra. A buen seguro nació en aquella villa, por ser la de su madre, Luisa Goñalons, hija de can Pere de la Parra. Por regla general los hijos nacían en la casa materna, de esta manera las parturientas disponían de las consabidas atenciones, al contrario de la actualidad, que al tercer día ya se pasean con el bebé por la calle. Esto jamás se había visto. Los adelantos clínicos y los nuevos fármacos han prodigado tanto bien a favor de la humanidad, restando importancia a acontecimientos que antaño fueron primordiales.

El progenitor de aquel bebé, llamado Martín Mata Pons, hijo de Martín Mata Sanz, procedente de Cataluña, llegado a la isla a mediados del 1800 con motivo de hacer el servicio militar, aquí conoció a la joven Margarita Pons, hija de la finca sa Dragonera, casándose e instalándose en un terreno cercano al mismo, a la de sus padres, en la misma carretera de Mahón a Alaior.

Por lo visto se trataba de un hombre emprendedor, que se afianzo y dedicó al comercio. Junto a la casa disponía de una cochera que con el tiempo se iría agrandando, donde atendía a sus clientes, vendía de todo un poco, lugar idóneo para la payesía d'aquell rodol. Sirviendo comida para el ganado, aves de corral, carburos, utensilios varios, algo de cordelería. A la vez que con el tiempo se fue convirtiendo en famosa taberna, con un taulell y varios estantes donde se encontraban botellas de licores, garrafas y garrafones de diversidad de vinos, aguardientes, gin para servir a su consabida clientela, varias mesas y sillas donde se celebraban reñidas partidas de truc i tute.

Los de mi edad escuchamos historias divertidas y anécdotas acaecidas en aquel lugar, punto de encuentro de una juventud que tenía muy pocas ocasiones de divertirse. Las tardes de los domingos y festivos se celebraban bailes donde acudían con los carros y carretones, no tan sólo los más cercanos, también gentes provinentes de Mahón, San Luis y San Clemente. En fiestas tan señaladas como podrían ser las de carnaval o pascua, incluso se añadían alayorenses y también de Mercadal.

Los que sí se paraban, sin haber recibido órdenes de su amo, eran las bísties de los carreteros; al pasar frente el lugar, intuían o estaban acostumbrados a que el conductor del carro, bajaba per fer un glop.

Aquel primer Martín Mata y su esposa tuvieron 6 hijos. Victoriano, Deogracia, Constanza, Martín, Florentino y Juanita, estos dos quedaron solteros. Quedó esta familia desecha con la muerte de su hijo Martín con tan sólo 36 años, siendo atropellado cerca de su casa, a la que se dirigía con su bicicleta.

Su hijo de 8 años jamás pudo superar aquella fatalidad. En 1946, se encontraban muchas dificultades por solventar y una mujer sola, con un hijo de corta edad i un poc pillo, mucho más, lo que la indujo a mandarlo a Barcelona, donde vivía una cuñada que le recomendó lo internara en un colegio de salesianos de Sarriá, aquí en Mahón había acudido al colegio de los hermanos de La Salle. Siempre con la confianza de un buen aprendizaje y una austera disciplina lo harían un homo per as dia de demà.

El joven Martín Mata siempre recordó la época estudiantil con tristeza, añorando a su madre y el entorno que dejó tan distinto a la vida del internado, sus juegos en casa de sus abuelos junto a sus primos, lugar ideal para chicos y mayores la vida en el campo tan diferente a la del pueblo y ni que decir tiene la monotonía en un colegio, que no et deixaven borinar un dit.

A los 14 años regresó, y empezó a trabajar en el parque de artillería, junto a jóvenes mahoneses que les representaba un gran futuro, maestros del oficio como Benigno Vila, Patricio y otros descubrieron a la juventud que se iba formando, la belleza de la mecánica y la forja.

Pero él aspiraba a algo más, es muy probable llevara en sus genes el mundo de los negocios como había sido el abuelo paterno y, su padre tratante de ganado. Valiéndose de unos principios de administración aprendidos en Sarriá, entró en la oficina del señor Abelardo, yerno del alemán Heugel, despacho situado en la calle de la Infanta, paret medianera con la mercería de Maria ­Moll. Si mal no recuerdo, se llamaba United, despachando toda clase de productos empleados en las fábricas de calzado, ses juntadores adquirían los materiales que utilizaban, siendo una tienda de mucho movimiento.

Pero el joven Martín, que era emprendedor, estaba decidido a armar-se pes seu compte. A principios de 1960 abrió al público una tienda, que bautizó con el nombre de Comercial Mata, alquilando el local a don Bartolomé Jover Bru, situado frente la barbería de dalt es Cós. En aquel comercio se llegaron a vender diferentes productos, entre ellos cochecitos de paseo para bebés, colchones de muelles y espuma, una auténtica revolución para los jóvenes matrimonios, decantándose por los mismos con tal de no tener que estufar es matalaf, baterías de cocina y otros utensilios de menaje para el hogar, todo muy moderno, él mismo viajaba a Barcelona, encargándose de hacer pedidos en diferentes fábricas, demostrando ser un buen comercial.
En 1963, la isla volvía a resurgir entre los ingleses, destino ideal donde pasar las vacaciones, descubriendo lo molt que lis retia es canvi de moneda, ello invitaba a que los extranjeros invirtieran, adquiriendo casas de campo y cercanas al litoral.

Con su manera de ser, atento y servicial, llegó a entablar a la vez que relacionarse con clientes extranjeros, asiduos de Comercial Mata, tanto que d'aquí, van anar allà. E hizo de intermediario en compras y ventas, que no le proporcionaban negocio alguno, la satisfacción personal de hacer de intermediario ya le satisfacía. Llegó a comprar la finca de Binixica, siendo la primera urbanización llevada a cabo con un profundo estudio y resultando un precioso complejo. A lo largo del tiempo se hizo lo propio con Calascoves y la cala de Es Canutells. No todos los negocios salen por un igual, con los mismos sufrió muchos sinsabores, aquellos ingleses semblaven una cosa i eren s'altra. Lo único que les movía era el capital, sacar el máximo y partir hacia Londres, él quedaba con los trámites, que siempre son ásperos i mals de pelar. Enfrentamientos con la administración que pocas veces le ayudaron a poder realizar lo que se había acordado, entre ellos un idílico campo de golf, tal cual se iban construyendo en Mallorca, lo que hacía se desplazaran a la isla hermana turistas adinerados durante todo el año. Aquí, primero fue que sí, después ja ho veurem y visto está, no se ha hecho nada, esto es un decir, siempre ha venido el viajero que menos billetes y tarjetas de crédito llenaban su cartera.

Hasta aquí he intentado hacer una pincelada un poc per damunt y a grandes rasgos de mi buen amigo Martín, dejando para lo último su etapa en el campo del Menorca, al que acudía con tan sólo 15 años, sin perderse ninguna de las reuniones de la Morada, siguiendo con atención los pormenores y expectativas habidas y por haber ante los ideales de aquel grupo de hombres ya mayores comparados con el jovencísimo nieto de can Mata.

Curiosamente hacía de espectador, empezó a correr en 1973, cuando ya estaban instalados en el nuevo Hipódromo, lo hizo con Valdesire, caballo muy fácil de manejar, por el decir de su primo Martín Mata Carreras, que estuvo presente durante el tiempo que duró la charla con Mercedes, una de las hijas del epigrafiado. Con anterioridad había adquirido un caballo de Mallorca que devolvió era un desastre y compró a Nene F,

Constantemente iba y venía de Mallorca, lo que lo motivaba a comprar y vender, en una de ellas por 225.000 pesetas adquirió un caballo francés llamado Álvarez, que siempre hizo correr su primo a la vez que buen amigo, Martín Mata Carreras.

Con el transcurso del tiempo, se formó la peña Capri, compuesta por Vicente Roca Montanari, Gabriel Vivó, Pedro Cardona Tremol, Martí Mata Goñalons y otros más. Todos ellos entusiastas del Noble Bruto, que gozaban de cuanto sucedía en el Hipódromo.

Martín Mata corrió en Son Pardo carreras de 1.000 metros vivió tardes de gloria con Renecavalan. Sin olvidar Upsus, Gran Quer.

Su querida hija Mercedes recordó el grave accidente sufrido el 21 de mayo del 95, en que todos le daban por muerto. Su fortaleza de espíritu y corporal lo ayudaron a salir del mismo y curiosamente padeció los temidos males de la C, carretera, corazón y cáncer. Sería este último que con un tiempo récord lo subió a la casa del padre. Pero aquí siempre será recordado por cuantos le trataron, de todos los estamentos, rics i pobres, demostrando que ayudaba cuanto podía, incluso en días de estrecheces supo apoyar a los que consideraba amigos con tal de que no sufrieran.

A buen seguro, cuantos lectores vivieron sus días de presidente en el Hipódromo recordarán la llegada de Biel Martorell, prestigioso preparador palmesano, haciendo correr a Álvarez.

Aquel Tino Latux que vivió 35 años había pertenecido a Miquel Muntaner, precioso caballo negro, corriendo mano a mano dos domingos seguidos, haciendo vibrar a un público que acudió para ver el gran espectáculo.

Martín Mata Carreras le cuidaba la cuadra, y a Frisan, sintiéndose feliz junto a su primo mayor, ambos descendientes del primer Martín Mata llegado a la isla, instaurando la afición al mundo de los caballos que hoy se continúa en la cuarta generación.

Muchas son las cosas que admiré de aquel intrépido Martín Mata, de tener que elegir, me decantaría por su enfoque a la vida, por su visión en el futuro. Teniendo la suerte de encontrar en el camino de la vida una gran mujer, la que fue su esposa, Carmen Goñalons, que supo inculcar a sus hijos, Pilar, María José, Mercedes y Martín, a buen seguro por sus creencias y prácticas cristianas, que la mejor doctrina es la del amor y el perdón. Ambas cosas siempre fueron prodigadas hacia el padre, acompañándole hasta el último momento en su lecho de muerte.

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