Xerradetes de Trepucó

El adiós a Rafael Mus Sintes

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Margarita Caules Ametller

Llambretja, lluna llambretja
es camí damunt la mar,
que jo en sa barca dets somnis
anit me pens embarcar.
(Joan Moysi Crespí)

Hace unos instantes, he leído y releído una hermosa carta de agradecimiento de una madre y una hija, ellas son Juana Sintes y Gracia Mus, a las cuales las tengo en gran estima.

A pesar del momento en que están atravesando, han sabido dar las gracias por las muestras de afecto y el apoyo moral, recibidos en estos momentos de dolor, tras la partida al cel, del hijo y hermano.

Conocí a Juana, cuando frecuentaba la casa de sus suegros que vivían en la calle del Carmen junto a casa Roca, muy cerca de la mía.

Jamás la perdí de vista, llamándome la atención su dinamismo, su espíritu comercial, no en vano fue la primera en vender en la isla los famosos Chupa-chups. Interventora en cantidad de compras y ventas de casas y terrenos. Juana, es diferente, en sus archivos no figuran clientes, para ella son amigos, detalle que siempre se agradece, su manera de ser da confianza a cualquiera.

En esta ocasión no es de ella de quien deseo hablar, sino de su hijo Rafael que en Gloria esté, aquel niño nacido la víspera de San Jaime de 1965, vino al mundo en la misma casa que su madre y anteriormente también había nacido su abuela materna, na Auxiliadora querida y recordada por todos.

Aquella casa planta baja, situada frente el cuartel de Santiago. Donde el niño disfrutaba de contemplar tras los cristales de la ventana que miraba a la carretera, como desfilaban los soldados.

Aquella casa, de blancas paredes y rojos ladrillos de terrazo, cocidos en las viejas teuleras menorquinas, disfrutaba de un patio con parterres, donde crecían las flores, un enorme árbol daba sombra a los dos tesoros de la familia Mus Sintes, Rafael y María Gracia, mientras se iban columpiando a un engrunxador fet per son pare.

Los chiquillos iban creciendo, Rafel acudia al colegio de la Salle siempre jugando con sus íntimos amigos Guillermo Gomila de sa barberia de cas Gomilas y Enrique Pérez. Era un niño bueno, demostraba ser noble con los demás, incluso tal vez demasiado per sa pillada que hi ha pel món.

Aquel verano, siendo un adolescente, se apuntó en la Cruz Roja del Mar, su espíritu altruista lo empujo a ello, siempre atento hacia las necesidades del prójimo. Llegaba a su casa achicharrado, por tantas horas transcurridas en el sol, oliendo a mar, pero jamás se quejaba, al día siguiente volvía a partir, con su bolsa en la que la madre le depositaba la comida y una cantimplora, la toalla de baño y el bañador sus complementos para la jornada. Momento que aprovechó para obtener el título de patrón. Siempre el mar,
A buen seguro lo llevaba en sus genes, no en vano desde 1708 la historia nos habla de sus antepasados y en la ermita de Gracia uno de los cuadros de ex votos, también encontramos a uno de ellos.

Con tan sólo 17 años entró a cumplir con el servicio militar y lo hizo como algo natural en su cuartel como él llamaba al de enfrente su casa, sirviendo a la Infantería, su patrona la Inmaculada.

No debo ni puedo culpar a nadie, pero en estos momentos le pregunto a aquella virgen, por qué no le eximio de tan cruel enfermedad, precisamente al finalizar la mili tuvo el primer brote, y a pesar de su juventud cuando el facultativo se lo explicó, lo acogió con resignación y es que Rafael era así, dulce y callado, incluso demasiado obediente ante las dificultades, su acatamiento, fue una de sus grandes virtudes, cualquier mortal se hubiera rebelado, él lo acogió como designio de su Dios...

Emprendedor como su madre montó en la Plaza Explanada de nuestra ciudad, Moto Turismo S.A un negocio con futuro, que una de las muchas crisis que han ido apareciendo en la isla hizo que desapareciera. No obstante continúo luchando.
Con la mirada hacia un futuro.

Nos deleitó en multitud de jaleos de fiestas de es Castell y en las de Mahón. Con su caballo negro zaino, lo vimos pasear a un buen paso por caminos en busca de la paz y tranquilidad que en los mismos se encuentra, con su simpatía y su sonrisa contagiosa, donava qui va a tothom. Fue adiestrador de caballos, un mundo que le apasionaba, dejándole buenos momentos y gratos recuerdos.

Continuando con el negocio emprendido por su madre, hacía algo más de 10 años, se hizo agente de la propiedad inmobiliaria, a la vez que tasador y perito inmobiliario, junto a su don de gentes, llevaba el negocio con buen rumbo, a toda vela a pesar de un mar enfurruñado como todos sabemos, él llevaba el timón de la empresa con mano firme y segura solventando el temporal llevándolo a buen puerto.

Disponía de su casa, su moto una BMV 1200 GS, soltero, dedicado al trabajo y a su familia, su madre a la que adoraba, su hermana y su sobrina del alma. Hoy debemos lamentar su fugaz partida al encuentro de sus antepasados, aquellos navegantes que con jabeques y bergantines cruzaron mares y océanos.

Hacia días que se lamentaba por no encontrarse bien de salud, por ello, el día de Navidad pasó más de 4 horas en el Hospital Mateu Orfila acompañado de su hermana, a la espera de ser recibido por el doctor de guardia ansiaba lo ingresaran, buscaba un rápido y eficaz tratamiento para su dolencia. Lamentablemente no fue así, somos humanos, los médicos, no son, ni dioses, ni santos varones. Tal vez, en demasiadas ocasiones, se equivocan, a buen seguro no desean ni quieren equivocarse, però açò seria molt llarg, per rallar-ne.

Mientras tanto, sus mujeres, como él llamaba a su madre, su hermana y su sobrina, su gran tesoro, lloran con dolor la partida de Rafael. Pero no ignoran que el recorrido hasta la casa Celestial, fue de dulce tránsito, no en vano su padre, Jaime Mus de grato recuerdo para todos, le salió al encuentro, mientras interpretaba con su violín como tan sólo él sabía hacerlo, no en vano fue concertino , dulces melodías escritas en partituras por los grandes maestros.
El único consuelo que les queda, es el saberlo dormido junto a su querida abuela Auxiliadora, que tantísimas veces lo acunó entre sus amorosos brazos.

Todos ellos, bajo la atenta mirada de nuestra querida patrona de Mahón la Virgen de Gracia, por la cual en tantas ocasiones, hizo danzar a Silver, su caballo, ofreciéndole todo su amor como buen mahonés que siempre fue.

Descansa en paz, mi buen amigo, para ti, mis flores y mis oraciones. 

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