Xerradetes de Trepucó

La rutina era cada día la misma

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Pues vinisteis en buena hora
Al mundo de gracia llena
Del pecado y su condena
Libradnos siempre, Señora
(Gozos a la Virgen de Gracia,
de un devoto. Toledo 1928)

El pasado sábado, iba sonando el teléfono con insistencia, y yo, sin contestar. En aquel instante me encontraba con las manos en la masa. Desde Navidad, cada fin de semana me dedico hacer una llauna de crespells, es tiempo de carnaval. Siempre intentando seguir las antiguas tradiciones, las mismas que heredamos de nuestros mayores, dejando para el último martes añadir en la palangana empanadas de carne y de brosat al estilo Ciutadella, y los consabidos flaons de queso.
Tuve que escuchar de nuevo el ring… ring… para contestar, se trataba de una amiga de toda la vida, una de estas religiosas que tanto reza, junto a sus hermanas de congregación. Oraciones que claman al cielo para todos nosotros.

El motivo no era otro que sugerirme que dedicara unas líneas al señor Cots. A lo que no dudé en contestarle que esta servidora, cuanto pensaba de él se lo había dicho en vida. Bien a través de su periódico "Menorca", e incluso sentados en el banco, el del centro de la capilla… de su Virgen, mi Virgen y la de tantos. Algo que me ponía de los nervios, como si fuese propiedad privada, cuando debía aceptar que es la madre de todos.

Estoy convencida de que lo entendía, que en el fondo de su blando corazón que siempre intentaba ocultar, las cosas estaban claras. Y no sé el porqué, prefería demostrar que lo tenía como una de estas viejas rocas talayóticas que tanto amaba, con las que en un tiempo de juventud, y de mayor también, mientras condujo su coche visitaba, e incluso les hablaba, por algo él mismo se definía como un neurótico.

Aquella tarde del mes de María, en que sin preguntárselo me habló de un sinfín de cosas familiares a la vez que particulares, me chocó el que se parara en sec, añadiendo a la conversación: "Lo mío ha sido neurosis, que gracias a la Virgen y un galeno barcelonés está controlada". Por lo visto, su enfermedad fue heredada y con la ayuda de brebajes y unos sobres que debía tomar al levantarse, preparados en la farmacia Valls, antiguos parientes d'enfora, le ayudaban a calmar ses nirviades. Añadir que el tal corazón de piedra maciza era fácil de derretir, tal cual como los merengues que tanto le gustaban, por la única cosa que hubiese pecado y caído en tentación, confesó. Fue la primera vez que descubrí en su rostro una irónica sonrisa. Fins i tot, aquella vegada me va semblar que era simpàtic.
Como dice Praxedies, fue una verdadera lástima que le costara demostrar que bajo aquella negra sotana y sus redondas gafas de negra montura había un hombre bueno, excesivamente tímido, y ésta fue la causa de todo, esconder su timidez, convirtiéndola en el frío señor Cots. Por algo había nacido un frío y desapacible 7 de noviembre, en que las estrellas no tienen miedo a parecer luciérnagas, según Tagore. A lo que otro prohombre afirmaba que la nobleza del hombre procede de la virtud, no del nacimiento. Aunque la Santa Madre Iglesia, no crea en ello, el señor Cots, siempre demostró ser un auténtico hijo de escorpión, signo de su venida en este mundo.

La creencia de que la ermita de Gracia, o mejor dicho, la Virgen que con tanta dulzura se lo miraba tras el cristal, imagen de la cual siempre creyó le pertenecía, le llevó muchos quebraderos de cabeza, no olvidemos sus votos de humildad.

Para disculparse, añadía que desde su más tierna infancia, a ella acudía acompañando a su padre, a lo que no dudaba responderle que era idéntico a mi caso.
 Precisamente también el mío me subía entre sus brazos al camerino, de la de Gracia, implorando me acogiera y ofreciera el reposo eterno, a su joven esposa, que tan pronto se había llevado, sin apenas conocerme, sin tan siquiera poderme dar un beso.

La charla continuaba, a veces por uno u otro derrotero, más bien intentaba seguirle la corriente, todos conocimos al señor Cots, todos sabíamos de sus rarezas humanas, de no ir por su mismo sendero se pujava dalt de tot. Como aquella vez que con motivo de regalar la medalla de oro de la ciudad de Mahón a un sacerdote y yo, sin dudarlo, sin intentar quitar mérito alguno al designado, opiné, y conmigo muchos mahoneses, que en aquel momento pensamos, y el pensamiento siempre es libre, que el párroco de santa María se la merecía d'un bon pas. 

Claro que sí que era merecedor de ella y mucho más. ¡Oh, Dios mío!, menudo berrinche cogió el señor Cots. Llamándome por teléfono, en tono, algo subido, me dijo… picardies moridores, haciéndome saber que estaba tocada des bollo. Recuerdo que me mantuve callada, apenas respiraba. Y en uno de aquello arrebatos, gritando, como si tuviera que devorarme, añadió… "¿Me ha escuchado?". "Sí, sí, respondí, le escucho, señor Cots, pero no estoy de acuerdo". Colgó el auricular y a los dos días se hizo el encontradizo, pidiéndome disculpas. Pobre de mí, ¿quien era yo, para no disculparle?…Y sin embargo, a pesar de su manera de ser, que cada cual tiene la suya, de no agradarle los niños, incluso admitía que no era al·loter, más bien le molestaban. Y si no, que lo pregunten a los jóvenes padres de cuando él estaba de párroco en santa María, en que paraba la homilía, el lavatorio de manos, o Déu sap que… hasta que entre el silencio de la iglesia se escuchaba el ruido de la puerta, dando a entender que los padres y sus retoños lo dejaban en paz. Por el contrario, era desprendido con las cosas terrenales, supo entregar, en vida, de cuanto disponía, donándolo a la iglesia y a los pobres. En época de posguerra, cuando los enfermos debían pagar la visita al médico, al igual que los medicamentos, la asistencia del practicante, etc. El señor Cots, con motivo de ir a visitar es malalt. Sin hacer ostentación de ninguna clase, intentaba dejar algo sobre la mesita de noche, o en cualquier lugar, tal cual también hacia, don Antonio Roca Bofill, al cel sia.

Al mismo tiempo, repito, de mi admiración por su bondad, entregando cuanto había heredado de su familia, gente de aquel Mahón, que llegaron a ser propietarios de casi toda la acera de la calle Nueva, la de la derecha, según se sale del Ayuntamiento, inclusive la actual casa de la Iglesia antaño colegio Santo Tomás de Aquino, más conocido por Fontiroig, con su extenso campo des freginal y Dios sabe cuántas cosas más. Participó en la construcción de los pisos cercanos a San Manuel, etc.En su extenso curriculum, se podría escribir la idea de hacer alcaldesa honoraria a la Virgen de Gracia y que con el paso de los años llegó a lamentar. Sin olvidar el plantón a los militares y a la corporación del Ayuntamiento entero, allò va ser una de ses seves xulades. Y es que el señor Cots de Riera fue un senyor damunt un ruc.

Infinidad de cosas más se podrían escribir de él. Tan sólo agradecerle el detalle que tuvo con mi familia, a los pocos días de nacer mi querida nieta Judith, en que la familia nos reunimos para llevarla por primera vez al camerino de la patrona de Mahón. Cuál no fue nuestra sorpresa al levantarse de su banco en que estaba orando, cogió a la niña entre sus brazos ofreciéndola a la Virgen de Gracia, la bendijo, orando todos juntos. En aquel instante, al observar con qué ternura depositaba un cálido beso en su frente, comprobé que el señor Cots amaba a los niños.

Esté donde esté, mi admiración, y decirle que su rutina cotidiana fue envidiada por muchos, su fuerza de voluntad demostrada de nadar diariamente en el poli, sus largas caminatas, con su pantalón corto, su calzado deportivo, sus constantes rosarios, incluso llegaba a los seis u ocho diarios, y su amor por nuestra Virgen, la misma que hoy vela su sueño eterno, fue admirada por todos. Descanse en paz.

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