Es simplemente admirable que en un país donde se tiran bombas en muchas partes de su territorio, los ciudadanos iraquís que han acudido a las urnas representan entre un 50 o 80 por cien del electorado, según donde se registró el escrutinio, especialmente en la áreas predominadas por sunís. En Europa, muchos son los que han clasificado tal participación como un hito, mientras que otros lo han declarado de histórico.

¿Podemos decir ahora que el Presidente Bush acertó en su "intervención" en Iraq para derrotar al régimen totalitario de Sadam Husein? Creo que la respuesta depende de cómo miramos al conflicto. Es decir, ¿era necesario para los Estados Unidos de América (EEUU) entrar en guerra en Iraq? Yo creo que no. Pero sí que fue una guerra de elección, que ha costado y cuesta un enorme gasto humano y económico, tanto para los EEUU como para el pueblo iraquí.

Críticas no han faltado, de ambos lados del Atlántico, incluso en el propio Iraq.
Esto no quiere decir que Bush tenía razón en su invasión de Iraq, pero no podemos evitar constatar que, actualmente, los iraquís están mejor que en 2006, por ejemplo. En este sentido, los iraquís están experimentando con la democracia, y estamos constatando un apreciable acercamiento hacía la democracia, hecho que no se había visto durante décadas, aunque hubo intentos de democratización en países como Egipto y también Iraq en la primera mitad del siglo veinte, y estos eventos fueron gratificantes. En aquel momento se desarrollaron clases políticas, democracias parlamentarias, procesos parlamentarios, pero siempre supeditados al control foráneo, especialmente por ocupantes británicos. Sin embargo, cuando se terminaron dichas ocupaciones o tutelajes, también se extinguió la democracia en aquellos países.

Con la derrota de Sadam Husein, se instaló en Iraq una feroz lucha sectaria, principalmente entre sunis y chiis, pero esta confrontación fratricida ha disminuido considerablemente, hasta el punto que el clérigo antiestadounidense Muqtaba Al-Sadr, el líder radical chii, exiliado en Irán de momento, pidió a sus seguidores que votaron en las elecciones. Ciertamente, se constata en este acontecimiento un apreciable acercamiento hacía un Iraq democrático.

Seguramente que el sectarismo Iraquí, siempre presente en la sociedad iraquí, irá decreciendo a medida que se consolida la democracia. El hecho de que el sectarismo que existía entre kurdos, sunis y chiis hoy en día no es tan patente, sin que esto quiera decir que no puede reproducirse. Pero, si fuera así, seria de una manera puntual en zonas como Kirkuk y Mosul. Hasta Al Qaeda ha perdido su influencia en Iraq y sus intentos de perturbar el proceso electoral han fracasado.

Es indudable que el pueblo iraquí esta empeñado en lograr un entorno democrático, porque, ante todo, es un pueblo fuerte y con capacidad de recuperación. Iraq ha sufrido muchas invasiones extranjeras pero siempre ha sabido sobrevivir y lo está demostrando en la actualidad frente al terrorismo de Al Qaeda.

La cuestión que se presenta es si el gobierno que saldrá vencedor de estas elecciones sabrá demostrar su capacidad de resolver los problemas domésticos inherentes en el país iraquí, básicamente en la falta de una adecuada infraestructura, como, por ejemplo, agua potable y electricidad. Bagdad, la capital, todavía no tiene asegurado el flujo eléctrico durante las veinticuatro horas del día.

Los iraquís han gozado de estos servicios públicos en el pasado, y si algo bueno existía en la dictadura de Sadam Husein era precisamente la disponibilidad de una idónea infraestructura de servicios públicos.

Resolver, entre otros, los problemas de infraestructura, deberá ser la inmediata prioridad del gobierno elegido y la consolidación de la democracia en Iraq será efectiva si el nuevo gobierno es capaz de resolver las aspiraciones del pueblo Iraquí, no solamente con eliminar el terrorismo de los insurgentes sino en desarrollar una adecuada infraestructura que permitirá al pueblo iraquí disfrutar de unos apropiados servicios públicos.