El Faro de Alejandría

El penito egregio

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Antonio de Orleáns. Duque de Montpensier

06-11-2015

Después de la guerra (in)civil, en la Penitenciaría Militar de la fortaleza de Isabel II en la Mola del puerto de Mahón (la que denominaremos Penita I) se hacinaban personajes corrientes como "el Goleta" o ese otro al que los "corrigendos" (especie de gerundio rotundo con el que se denominaba entonces a los presos) llamaban "la Naylon". A estos los conocí cuando, en 1962, me tocó hacer allí guardias de cabo.

La prisión llevaba funcionando como tal, casi desde la inauguración de la fortaleza, allá por la segunda mitad del siglo XIX. Primero estuvo situada en los pabellones bajos de la plaza de armas y sobre los 40 del siglo XX fue trasladada al antiguo edificio de la administración: un caserón siniestro con dos grandes águilas sobre pedestal en el pequeño jardín de la entrada que han desaparecido. La primera vez que vi el edificio me recordó al castillo de Drácula.

Llega el duque
Pues bien, en la citada prisión de la Mola pasaron en el siglo XIX personajes egregios (lo de egregios dicho con cierto retintín), fruto de las idas y venidas de la política de entonces (así nos va). El primero del que se tiene noticia fue el general Serrano, duque de la Torre, confinamiento del que se hizo eco en su momento el periódico republicano  "el Menorquín", que en febrero de 1871 publicaba la siguiente noticia:

"Es esperado en este puerto el vapor del Estado "León" que, según carta particular, debe conducir a los generales desterrados a la fortaleza de la Mola.

Recordamos, aunque a la ligera, que el sábado 5 de enero de 1867 llegó también desterrado a esta ciudad, a bordo de la fragata de guerra Princesa de Asturias, el Excelentísimo Sr. D. Francisco Serrano y Domínguez, duque de la Torre y Capitán General del Ejército, en compañía del Ilmo. Sr. D. Eduardo Gasset.

¡Cuántos cambios de escena se han verificado en estos cuatro años!"

Pero, ¿quienes eran esos generales? Los de 1871, me refiero. Sabemos de uno al menos. Era Capitán General, se trataba de Antonio de Orleáns, duque de Montpensier y esposo (francés) de la infanta Luisa Fernanda, hermana de Isabel II. Ambos, padres de María de las Mercedes, la primera esposa (y prima hermana) de Alfonso XII.
Montpensier, "el duquesito" -como le llamaba la prensa hostil a su persona- era un intrigante de tomo y lomo, un revoltoso como me gusta llamarles a mi a esos aventureros de guante blanco de antaño.

Parece ser que D. Antonio colaboró económicamente para el derrocamiento de su cuñada, con 5.750.000 pesetas prestadas por la banca Cutts de Londres, mediante hipoteca de su palacio de San Telmo de Sevilla, (actual sede de la Junta de Andalucía). En realidad el duquesito invirtió en la empresa porque aspiraba a ser rey de España a lo que se oponía el general Prim.

Derrocada Isabel II por la revolución de septiembre de 1868, Montpensier movió hilos para promover su candidatura, en este contexto se hizo pública una carta del infante Don Enrique de Borbón poniéndolo a caldo. Entre otras lindezas la carta (publicada entre otros medios en "el Menorquín" del 16 de marzo de 1870) decía:
"1º Que soy y seré mientras viva el más decidido enemigo político del duque francés 2º que no hay causa, dificultad, intriga ni violencia que entibie el hondo desprecio que me inspira su persona, sentimiento justísimo que por su truhanería política, experimenta todo hombre digno, en general, y todo buen español en particular".

El niño de España
El infante D. Enrique de Borbón era hermano del marido (y primo) de Isabel II, el infante D. Francisco de Asís (ese que por sus maneras melifluas llamaban "Paco Natillas") y a su vez ambos eran hijos del infante Francisco de Paula, hijo de Carlos IV y Maria Luisa de Parma, ese niño que,  vestido de rojo, aparece en el centro del cuadro de Goya, "La familia de Carlos IV"; ese niño (cuya paternidad atribuían las malas lenguas a Godoy) cuyo envío  a Francia por Napoleón en mayo de 1808 provocó el levantamiento madrileño de los días 2 y 3, al grito de "que se nos lo llevan". A dicho infante se le concedió, para él y sus sucesores, el título de "el niño de España".

El duelo
Ni corto ni perezoso Montpensier mandó a Enrique sus padrinos. Las condiciones del retador eran extremas: a pistola y a última sangre. El duelo se celebró en los campos de Leganés y Enrique resultó muerto de un disparo en la sien.

Monpensier fue juzgado por un consejo de guerra el 3 de marzo de 1870 y simplemente, ¡desterrado de Madrid por un mes por haber matado al hermano del rey! ¡Qué país!

Es más, pronto regresó a Madrid y propuso su candidatura a la Corona en la votación a Cortes que se hizo el 16 de noviembre de 1870, en la que salió derrotado por los 191 votos que obtuvo Amadeo frente a los 27 suyos, inferiores incluso a los 60 republicanos.

Es evidente que Prim estaba detrás de la candidatura de Amadeo, y a finales de diciembre de ese mismo año es asesinado por gentes de Arjonilla (pueblo del duque de la Torre al que se acusó de instigador del crimen junto a Montpensier sin que pudiera probarse).

El destierro
Llega Amadeo de Saboya a España en 1871 y el despechado Montpensier se niega a prestarle juramente junto a algunos otros generales. A todos (ahora sí) se les envía desterrados a la Mola. Al duque, incluso se le desposeyó del grado de Capitán General y se le expulsó del Ejército.

La llegada a Mahón en el vapor" León" no le debió resultar agradable a Monpensier, sobre todo recordando su visita anterior, el 12 de abril de 1852, que vino a la Isla en visita oficial con su esposa y fue recibido con todos los honores de ordenanza. Visita que inmortalizó el pintor Font en un cuadro poco conocido, subastado hace algún tiempo en Durán.

En este cuadro, aparte de una magnífica vista del puerto desde la costa norte, como nos tiene acostumbrados el pintor, destaca una bandera francesa muy sospechosa en la torre del palacio Oliver.
 

Oliver debía ser afrancesado o como mínimo "montpensierista".

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Doctor en Historia por la UIB
terronponce@telefonica.net
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