Qué importa quien tenga la razón si no estamos dispuestos a ponernos de acuerdo. Qué clase de diálogo se puede establecer entre dos que luchan por conservar, sea como sea, su opinión, aunque sea en detrimento de un criterio que suele perderse al mantenerlo por fuerza. De qué podemos hablar todos juntos si unos dicen lo que piensan, otros no piensan y dicen, algunos dicen lo que sienten y otros tantos no sienten a palabras. Cada uno con órganos distintos disputándose la razón a ladridos. Qué importa el idioma si hablamos para no comprendernos; si se ahogan los gritos cuando piden auxilio; si se enseñan las manos cargadas de piedras; si no se sabe por qué pero todo el mundo anda convencido; si nadie se deja convencer por el camino.

Hablemos de números, dicen, que no saben de colores. Pero nosotros sí sabemos cómo pintarlos y van perdiendo el valor de tanto ir alterando las cifras. Hablemos de números, dicen, que las matemáticas no engañan. Pero cada uno cuenta con los dedos de su mano imaginaria, cada uno escoge el número que mejor le cuadra. Uno, pocos, muchos, todos y ninguno. A la vez. En el mismo sitio. Codo a codo: entreponiéndonoslos. Hablemos de números, dicen, que hablan por sí solos. Pero luego se les mete la mano por la nuca y todos se vuelven ventrílocuos. Dice un tanto % que toda la razón es mía. Y ese otro tanto que me la quita es despreciable. Es más, lo desprecio. No vale. Es trampa. Hablemos de números, dicen, que son más democráticos. Pero entonces la mayoría siempre negará el hambre que mate a unos pocos. Y más tarde esos pocos serán sustituidos desde esa mayoría que niega y que mata a estos nuevos y así sucesivamente, hasta que en la mayoría queden tan pocos que ya no pueda ser dividida. Hablemos de números, dicen, los que ignoran que no hay manera de sumar vidas. Que no hay forma de construir un polinomio sumando hombres y hambre.

Machado dijo hace ya tiempo que 'Por más que lo pienso no hay manera de sumar individuos.' y nadie lo conseguirá, pero lo peor es que ya ni se piensa. Y pasa que cuando entre muchos no se suma suelen dividirse, que cuando muchos se dividen es para enfrentarse, que cuando muchos se enfrentan todos pierden. También los que todavía ríen, también los de la sonrisa tan amplia, también los ricos. Cuando se queden sin donde proyectar la sombra pobre de su estúpida riqueza resplandeciente.

Lápidas de oro para los últimos muertos, pero nadie que los entierre.