La columna

Sin pantalones

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Recuerdo que en las clases de Francés y de Historia se nos hablaba de los sans-culottes, que eran los pequeños comerciantes y artesanos de París que no usaban calzas cortas y ajustadas, culottes, durante el siglo dieciocho, sino que llevaban pantalón largo. Esos fueron los que iniciaron la primera de las grandes revoluciones de la humanidad con la toma de la Bastilla y del palacio de las Tullerías al principio de la Revolución Francesa. Se les llamaba despectivamente así, los sin calzas, o sans culottes. Claro que ha llovido mucho desde el siglo dieciocho, pero fue entonces cuando se pusieron los cimientos de la sociedad actual. Ahora todo el mundo viste más o menos como quiere, sin que la ropa sea distintivo de pertenencia a una u otra clase social. Sin embargo la semana pasada se organizó desde las llamadas redes sociales el No Pants Subway Ride, que traducido del inglés de América significa: "Viaje en metro sin pantalones" Digo que es inglés de América porque la palabra "pants" en lugar de "trousers" resulta de la influencia del castellano de Sudamérica, que transforma "pantalón" en "pant" De hecho Norteamérica, triunfadora en dos guerras mundiales, nos está transformando a todos, hoy en día con la ayuda de Internet. Veo en los periódicos que la convocatoria de ir en metro sin pantalones cundió en las ciudades europeas, también en Madrid y Barcelona, y que en Bruselas las mujeres islamistas se manifestaron cubiertas de pies a cabeza y con carteles que decían; "Nos enfants prennent ce metro!" (Nuestros niños viajan en este metro) Leo también que los organizadores del "Día sin pantalones en el metro" no pretendían reivindicar nada, simplemente alterar de forma divertida lo establecido.

El año pasado ya me encontré en el metro de Barcelona con una chica que llevaba la minifalda más corta que había visto en mi vida; era tan corta que no llevaba falda. Luego supe de la convocatoria por Internet, que por lo visto se produce una vez al año, y me quedé pasmado de la fuerza que tiene ese medio, sobre todo entre los jóvenes. Podrían organizar el día de lo que les diera la gana y sería secundado en todo el mundo. Imaginen: el día con sombrero, el día sin decir esta boca es mía, el día de hacer muecas a las autoridades… Podrían organizar una revolución, y de hecho ya lo han intentado con el movimiento de los indignados, que somos casi todos; lo que me lleva a pensar que la revolución del siglo veintiuno o la cuarta guerra mundial vendrán por Internet.