Te diré cosa

Virus, dípteros y encofrados

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Hoy es el día en que puedo ofrecer, y ofrezco, una pequeña alegría a quien me tenga antipatía: confieso que he disfrutado de una Semana Santa manifiestamente mejorable.

Ello ha sido factible gracias a la conjunción astral de varias circunstancias (C) de las que hubiera prescindido con sumo gusto, pero que Fortuna, siempre activa para  lo bueno y para lo malo, ha tenido a bien incorporar a mi reciente biografía.

C1.- el entrañable virus de la viruela gozó estos días de una ocasión única (que lógicamente no desaprovechó) de hacerse fuerte en el organismo de mi pequeña hijita, con la antelación suficiente y necesaria para que, una vez respetado el reglamentario periodo de incubación, viniera a manifestar sus primeros síntomas a las cuarenta y ocho horas (minuto arriba, minuto abajo) de acomodarnos en un apartado resort de la costa Santaluciense, donde nuestra relación con el mundo de la atención pediátrica dista mucho de poder catalogarse como satisfactoria. Tras una infructuosa llamada con fines orientativos a su médico habitual (lamentablemente cuando para mí es Semana Santa, lo es también para el mejor amigo del hombre), y tras una alarmante ojeada al patient.co.uk, sitio  preferido de mi señora para estos menesteres (recomiendo por cierto estas consultas internaúticas a todo hipocondríaco que quiera disfrutar de unos niveles de adrenalina realmente fuera de serie), y casi descartada la meningitis (cuando la paranoia aprieta, todos los granos son pardos), un médico local nos tranquilizó con un diagnóstico menos grave: chicken pox:  poco sol, antibiótico por sí se infecta y antihistamínicos.

Estupendo. Mi actividad favorita, esto es, enterrar los pies de mi niña en la arena y reconstruir encima de ellos la aleta dorsal de una sirena (esto la vuelve loca)... ¡a tomar por saco!

C2.- este segundo ítem que se incorpora a la enojosa conjunción tiene que ver con mi sangre, que en principio no sería de mala calidad, pero que al parecer contiene un factor estimulante para la mayoría de las especies de mosquitos que pueblan nuestro bello planeta, y que según conozco ahora, es  el equivalente de la metanfetamina  para cierta familia mosquitil  endémica de los  volcanes Pitons, ecosistema en el que curiosamente se ubicaba nuestro hotel. Todo indica que la química de mi sangre, al sumarse a  la de las cremas repelentes de mosquitos que suelo administrar ingenuamente a mi piel, conforman un cóctel no ya  muy apreciado, sino increíblemente adictivo para estos pequeños bastardos.

Como resultado de esta inquietante circunstancia, en la práctica podía únicamente verme libre del  estado de ansiedad generalizado, o bien en la cama, luego de infestar el interior de la mosquitera con una dosis letal de pestilente  insecticida, o bien en localizaciones exteriores a mi lecho que disfrutaran de un régimen de vientos fuerza seis o superior, pues al parecer Eolo es el único poder de la naturaleza, junto al fuego (que no es plan), capaz de  disuadir a estas criaturas de obtener su dosis.

C3.- el tercer factor coadyudante en el mantenimiento del perfil bajo  en mis niveles de euforia vacacional es achacable al establecimiento hotelero: Durante la contratación de sus servicios se les olvidó curiosamente mencionarnos el insignificante detalle de que entre nuestra solución habitacional (como diría aquella deliciosa ministra), y el bello Caribe que reflejaban las fotos en la documentación aportada, se interponía una obra civil en fase de cimentación.

Afortunadamente en Santa Lucía  también se celebra la Semana Santa, y por  tanto no sufrimos el fragor de los combates más allá de un par de días. No obstante, la falta de fair play del establecimiento produjo en nuestro ánimo, al margen de la urgencia de reclamar in situ y en Tripadvisor, un propósito irrevocable: no volver a poner los pies en ese resort ni en ningún otro de su cadena.

Y menciono esto último porque en Menorca deberíamos cuidar (muy mucho) el no hacer coincidir las obras en lugares sensibles con la temporada turística.

¿Quién puede calcular cuantos turistas habrán salido encabronados de aquí por este motivo, y nos habrán borrado, junto a sus amistades, del mapa para siempre?