Te diré cosa

Pregunta que algo queda

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No acabo de verlo claro. Bauzá levanta inusitadamente una liebre que dormía plácidamente, la del modus vivendi de los diputados del Parlament Balear.

Lo que propone, esto es, reducir el número de diputados y la pasta que levantan, suena en mis oídos a música celestial, y sin embargo hay voces que no ven con buenos ojos el asunto. En principio parece lógico que la propuesta alarme sobremanera a la parte contratante de la primera parte (a nadie gusta que le cambien la caldereta de langosta por un bocata de chopped), pero lo desconcertante es que también tenga detractores en el entorno de la parte contratante de la segunda parte (Paganini crew).

Esto es muy raro. Lo investigo con el fin de comprender la paradoja.

Examinemos a tal efecto algunas declaraciones de los protagonistas.

Assumpta Vinent, habiendo sido torera en su día, y por tanto buena conocedora de los entresijos de la lidia, y situada ahora detrás de la barrera, se declara partidaria de la poda ya que no parece creer que el curro de diputado sea especialmente estresante: «un diputado raso igual formula una pregunta al mes», confiesa abiertamente, aunque matiza «hay gente que trabaja más que otra». Imagino que esto significa que hay quien duplica la productividad formulando dos preguntas al mes. En este sentido, si algún diputado se enfrenta a este recién estrenado mes de Mayo con la angustia de comprobar que no se le ocurre ninguna demanda inteligente, y vive por tanto con preocupación el inexorable paso de las semanas por miedo a acabar formulando una pregunta chorra por salir del paso, le ofrezco en estas lineas, gratuitamente, cuatro preguntas de nivel para que las dosifique y pueda tirar tranquilamente hasta las vacaciones de verano. P1.- ¿Quienes somos? P2.- ¿De dónde venimos? P3.- ¿A dónde vamos? P4.-¿Que coño pinta Matas en la calle todavía, estando como está condenado a prisión por, entre otras cosas feas, haber sacado con diversas técnicas dineros de nuestros bolsillos para introducirlos en los suyos?.

De nada.

Otro exdiestro, Ernest Ribalaiga, apuntala su oposición al recorte que propone Bauzá en un par de pilares sólidos: «Los políticos tienen derecho a vivir de su dedicación y la gente a que sus políticos se dediquen de forma exclusiva a su labor» Encuentro que el razonamiento, por otra parte impecable, podría ser matizado quizás en los dos extremos del hilo argumental: a) Ser político no es todavía obligatorio, y b) algunos políticos se dedican tan exclusivamente a su labor que no tienen tiempo ni de enterarse de que su patrimonio va engordando exponencialmente  de manera mágica pero real, como si de Macondo fueran.

Ribalaiga opina que lo importante es la transparencia, concepto que él reduce a saber cuánto cobra cada uno, y que yo ampliaría a saber cuánto curra cada uno, y qué beneficio concreto ha aportado cada uno a la sociedad de la que cobra sueldos y dietas.

Añade que con el sistema de dietas no se produce esa transparencia por la que suspira, ya que -denuncia- existen «diputados caza comisiones».

 En este mismo inconveniente algo antiestético insiste también  Eduard Riudavets: «La gente se pegaba por ir a las comisiones».

Deduzco que si disminuimos el número de diputados, estas travesuras y rencillas serían más limitadas, ya que menguamos el número de brazos comprometidos en la tarea de repartir codazos en las aglomeraciones que se forman en el lobby.

Todo son ventajas.

El único inconveniente sería que los partidos menos agraciados a la hora de cosechar papeletas tendrían más difícil colocar a uno de los suyos en ese ecosistema tan fascinante en el que algunos se dedican a formular unas cuantas preguntas mientras, en los ratos que les quedan libres, procuran colarse de rondón  en alguna comisión.

Este pequeño escollo se solucionaría corrigiendo hacia la equidad la ley de Homs y agrupando posteriormente todos los escaños en un sólo político por partido, teniendo el voto de este individuo tanto peso como le otorguen los votos recibidos en las urnas. Las preguntas las podríamos enviar nosotros por WhatsApp. Nos ahorramos  cada legislatura bastante más de los once millones ambicionados  y todos contentos.