Te diré cosa

El debatazo

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Menudo pedazo de debate que se marcaron Valenciano/Cañete -Cañete/Valenciano (tanto monta, monta tanto).

 Resumible en tres palabras toreras: «sencillamente im presionante».

Yo lo vi en diferido. No me atreví a seguirlo en directo por la tensión. Tengo la tensión alta, y estos duelos de alto nivel intelectual y gran calado creativo me producen vasoconstricción (a veces también estreñimiento, pero eso quizás no venga ahora al caso), un poco debido a la emoción y otro poco por causa de cierta sensiblería que padezco, y que me hace reaccionar con hipersensibilidad ante comportamientos altruistas. Sobre todo soy vulnerable a los momentos épicos en que algunas personas que se desviven por el bien de los demás, como Teresa de Calcuta o Valenciano/ Cañete, dejan transparentar la noble naturaleza de sus sentimientos e ideales.

Tengo un amigo anestesista, y le pedí que, para visionar  con garantías el debate, me suministrara uno de esos tratamientos que ya había probado en el dentista, cuando te sacan una muela mientras tu observas con indolencia las rejillas del fluorescente, tan feliz como un niño viendo  dibujos animados y que, sin que hayas tenido en ningún momento conciencia de la carnicería que se viene operando en tu cavidad bucal, aparece de pronto el doctor con tu muela asida por una pinza y una sonrisa prendida en los labios.

En ese impagable estado de paz interior y candidez pude comprobar que  lo de las cajas B, los sobrecostes y todo eso no fue mencionado por nuestros  paladines porque no lo íbamos a entender. Es que hay ponerse en su pellejo. Estás dirigiéndote a una panda de gilipollas que no se enteran de la misa la medía y si los mareas además con cosas complejas como lo de los sobres y todo eso se lían innecesariamente. Además, en cuestión de trapillos sucios van casi empatados, no hay manera de rascar bola por ese lado. Dedicaron  por eso sus mejores esfuerzos a demostrar con éxito la capacidad de ambos partidos para generar desempleo.

Sin embargo Cañete, que podría haber soltado el notición de que el próximo consejo de ministros denegará el indulto a Matas  para que el pobre diablillo pueda entrar ya de una vez a la cárcel a pagar por sus pequeñas travesuras, dejando así de sufrir el castigo que para la conciencia de  tipos como Jaume supone la sensación de  estar yéndose de rositas, no lo hizo, porque Cañete, que es un caballero de los de antes, no cascó el notición para no  brillar por encima de la Valenciano, que no tenía ninguna oferta parecida en cartera, no fuéramos a concluir que Cañete es intelectualmente superior a Valenciano. Cañete sabe, por su educación de colegio de pago, que no es elegante mostrar en público más capacidad que una tía, y por eso ha sido capaz de aparentar durante el debate una simpleza intelectual muy bien conseguida, dando así cortésmente a su oponente la posibilidad de brillar como la estrella mediática que merece ser.

En resumidas cuentas, me han impresionado tanto los dos candidatos que he decidido no decantarme por ninguno de ellos para no ofender al descartado. Votaré a otro, y todos tan contentos.

Y es una pena, pues los carteles les han quedado monísimos. Cañete en versión pitufo, todo azulito, insinuando con la alegre gaviota y ese color tan celestial  que todo va a pedir de boca. Hasta el careto ha salido azul esperanzador.

Y ella súper guapa, con pañuelo smart casual y todo, como diciendo: ser un poco rojilla no significa que tenga una que ir hecha un adefesio, y más  ahora que volaré en business  a Bruselas o Estrasburgo  y deberé cuidar un poco más el vestuario.

Total, un debatazo. Europa tampoco salió demasiado a relucir, pero es que en realidad ¿a quién le importa?, es un tema árido, como el derecho mercantil o los logaritmos.

Qué pena que no contemos en Menorca con estos abanderados del rigor, la transparencia y la eficiencia. Igual hubieran resuelto el problema del transporte aéreo. Tienen soluciones para todo.

Incluso no descarto que hubieran derrotado a la mujer barbuda en Eurovisión.