La columna

Vana ilusión

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Buscando frases sobre la ilusión me encuentro con esta, de autor anónimo: «Ilusión es para un calvo tener en su calva algo». Según eso ilusión es ambicionar lo que no tenemos y quizá no podremos tener nunca. Pero Campoamor se preguntaba: «¿Qué sería del mundo sin la ilusión?». Si no tuviéramos el incentivo, la ambición de conseguir algo mejor, seguramente el mundo se pararía. Alguno pensará que estaría mejor parado, si la ambición, la ilusión de poseer, nos ha conducido a tantas guerras y desastres como se enuncian en la historia. Pero es que así estamos hechos los seres humanos. Hace muchos años, cuando apenas era un adolescente, leí «El hombrecillo de los gansos», de Jakob Wassermann. Se trata de una novela de mediados del siglo veinte que cuenta la historia de un músico marginado, Daniel Nothafft, que lucha contra la decadencia moral y espiritual de su época y que nunca consigue triunfar. Sin embargo nunca le abandona la ilusión; muere con la ilusión de ser un artista perfecto, y ciertamente lo es, aunque no lo reconozcan sus semejantes. Bien mirado, esta es una historia tan vieja como el mundo. Muchos grandes artistas han sido despreciados en su tiempo, músicos como Mozart, pintores como Van Gogh, escritores como Kafka; sin embargo nunca cedieron a la ilusión de crear una obra perfecta. Eso es lo difícil; lo fácil es lo contrario: seguir los caminos trillados que abrieron otros artistas y obtener el aplauso de lo que ya está admitido, lo que es aceptado por el gusto general. Lope de Vega lo tenía muy claro, decía que como lo paga el vulgo es justo hablarle en necio para darle gusto.

Ahora que he citado a Lope de Vega me acuerdo de su rival, de quien no consiguió desbancarle en la escena del siglo dieciséis, don Miguel de Cervantes Saavedra. Escribió la primera novela de la literatura universal, una obra que muchos citan sin haberla leído y que en sus tiempos se hizo sumamente popular. La escribió al final de su vida, una vida empeñada en buscar la ilusión del triunfo y la gloria. Quizá por eso se trata también de la historia de una ilusión, incluso podríamos decir que de la historia de una desilusión. Solo en el lecho de muerte recobra el ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha la cordura, y nos enseña que a menudo toda una vida en pos de la ilusión desemboca en la muerte. Pero en casos como este es la obra la que pervive, la que cuando la gente se da cuenta de la realidad queda encumbrada como un monumento a la ilusión, o la perfección.