La columna

Tiempo al tiempo

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Dando tiempo al tiempo, el mozo se hace viejo, dice el refranero. Pero no creo que muchos se acuerden de esta verdad implacable mientras son jóvenes. Tampoco creo que sean legión los jóvenes que puedan acoger a sus padres viejos en casa. Lo contrario a lo mejor sí; estamos en una época en la que la llamada esperanza de vida se ha prolongado mucho, lo que significa que la población de nuestro país ha envejecido. La tan traída y llevada crisis ha aumentado peligrosamente las cifras del paro entre los jóvenes; incluso abundan los que aún no han podido acceder al primer empleo. Muchos jóvenes tienen que quedarse en casa y recibir la ayuda de sus padres viejos, y muchas familias tienen que recurrir a la pensión de sus padres viejos para poder salir adelante cuando se quedan sin empleo y sueldo. Todo esto convierte en útiles a los viejos que aún pueden valerse por sí mismos, porque también dice el refranero que buey viejo mal tira, pero bien guía. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando el viejo está enfermo y necesita de la asistencia de sus hijos? Algunos son atendidos en casa, a veces con mucho esfuerzo por parte de los hijos. Otros tienen dinero suficiente para pagarse la estancia en una residencia de ancianos, que viene a costar casi dos mil euros mensuales, y dicen que están muy bien cuidados en los geriátricos, que encuentran compañía y actividades diversas con que entretenerse. Supongo que habrá sus más y sus menos, que alguno pasará la mañana olvidado en el retrete, por culpa de la reducción de personal que implica la crisis, o se levantará de noche por culpa de algún que otro descuido. Pero habrá otras compensaciones. Habrá meriendas típicas, salidas a la playa, veladas al aire libre, tertulias en las que dar rienda suelta a los recuerdos… Otra vez dice el refranero: cuando joven, de ilusiones; cuando viejo, de recuerdos.

Otro azote de los viejos es la soledad. Hoy son numerosísimos los casos de personas ancianas que viven solas. Los hijos no siempre pueden ir a visitarlos; el ajetreo de la vida moderna no lo permite. Las horas son lentas, si no tienen otra cosa que hacer que ver la tele. No siempre tienen ganas de prepararse la comida, ni siquiera de comerse lo que les traen de las organizaciones de catering subvencionadas. Algunos tienen la inquietud necesaria para seguir ocupando las manos en algún hobby, para seguir leyendo, para sentir cierta dosis de optimismo: si usted es joven y no lo cree, no tiene más que dar tiempo al tiempo…