Te diré cosa

Moragas nos abre los ojos

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Me noto en modo bucólico. Casi pastoril. Ignoro el motivo de este estado de ánimo tan particular, y posiblemente tan injustificado, pero aprovecharé estos saludables humores pasajeros para escribir sobre cosas bonitas. Flower power y así.

Por ejemplo, me gustaría dedicar unas cariñosas líneas a Moragas, ese hombre desmelenado y astuto que acompaña habitualmente a Rajoy y le va orientando, dulce pero resolutivamente, para evitar que se meta en el lavabo de señoras de la cumbre de Davos (un, digamos limitado, dominio de idiomas le puede jugar malas pasadas a cualquiera) y le guía  cariñosamente cuando se queda plantado y algo desconcertado con su sonrisa, que algunos envidiosos tildan de bobalicona, o de hombre que navega como pulpo en garaje por los comprometidos escenarios a que le obliga su cargo, pero que si por él  fuera estaría en la mesa camilla jugando al parchís  mientras confía en que se pudran (a su favor) los acontecimientos.

Posiblemente, y me vuelvo a referir a  Moragas, forme parte relevante del equipo de creativos que confeccionan las consignas (normalmente algo falaces, aunque  previsibles) que luego están llamados a repetir urbi et orbi  los voceros subalternos del aparato.

Pues bien, este importante político ha venido a Menorca (le felicito sinceramente por haberse zafado provisionalmente de su jefe, que presumo sea lo suficientemente muermete en el cuerpo a cuerpo como para agradecer un pequeño gap  dedicado a permanecer alejado) para disfrutar de los placeres que ofrece la Isla, y no ha querido dejar pasar la ocasión de, en sus ratos libres, instruirnos amablemente sobre aquello que nos conviene saber y que se traduce en  verdades como puños que jamás se nos habría ocurrido explorar, como que «es preciso mejorar la conectividad», asunto que al parecer no depende de personas de su entorno sino de la diosa Fortuna, o quizás de elementos extraterrestres o incorpóreos que en cualquier caso no guardan relación alguna con el gabinete con el que él se codea.

También descubre  para nosotros el señor Moragas lo beneficioso que sería para Menorca «progresar  y prosperar con dos de sus mayores atractivos, la naturaleza y el deporte».
El concepto es tan novedoso que no ha tenido tiempo de calar en sus correligionarios del Consell, entregados como están a restar encantos al entorno (siento disentir -y no necesariamente engañado- de la visión que Alejandre expresó en su reciente carta) que tan atractivo resulta al parecer al señor Moragas en sus horas sabáticas, rotondado  el paisaje - incluidos puntos sospechosos de servir a intereses particulares-, de este a oeste del territorio preservado primorosamente para una biosfera tan entrañable y necesitada de afecto como la de el planeta tierra.
Lo que sin duda pone los pelos de punta a la hora de valorar la visión de futuro de este ilustre visitante es su referencia a las prospecciones : «y tú más», ha sentenciado. Fueron ellos, los otros, los que la cagaron. Mala pata. Ahora a apechugar con lo que caiga.

Claro, que si lo que cae son  prospecciones... chungo para ese turismo de élite que propugna con tino el sabio prócer, y si lo que cae es la prohibición de las prospecciones, chungo para el contribuyente: ¡indemnizaciones a la vista!

Pero hombre de Dios,  el contribuyente está más que acostumbrado a eso. Mira lo de Cesgarden, o lo que nos han costado los aeropuertos peatonales o los palacios de la música, o los palmarenas y tantos otros sobrecosteados apaños. Por eso no te preocupes, querido Moragas, es el chocolate del loro. Además te propongo un plan para abaratar costes innecesarios:
Tú paraliza las prospecciones (hazme caso, si se lo pides al de la barba, asentirá), y luego te lo montas como Fabra: le vas dando largas al tema de la indemnización hasta que vayan cayendo los plazos, te eternizas, recurres, prescriben los delitos  y a tomar por saco Repsol y su prima. Si lo hace Fabra sin que nadie de tu partido diga ni Pamplona es que se puede hacer ¿no tío?. Pues eso.

Bueno, de lo que no te quepa duda es de que habrá un antes y un después de tus declaraciones en las tertulias de Es Mercadal. Nos has abierto los ojos. Si es que eres la leche.