Cita a ciegas

La velocidad de las cosas

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Salí de Menorca unos días y a la vuelta, aquellas excavadoras (marca Antonio Gomila S.A.) que pude ver al marchar amenazantes, con sus garfios inclinados hacia el suelo pero aún conteniendo el aliento, ya habían reventado buena parte del paisaje que acechaban a ambos lados de la carretera general. Precisamente un antiguo general, Luis Alejandre, hoy conseller de Mobilitat i Projectes, es uno de los responsables de que se lleve adelante este despropósito que ya pudimos ver sobre los planos y que adquiere ahora una fea dimensión: hace daño a la vista. Más tarde hará daño a la isla, a su esencia, que es la única que podrá atraer a miles de turistas de naturaleza y de calidad que cada vez tendrán más difícil encontrar lugares que conserven casi intacta su idiosincrasia. Hará daño, a la misma velocidad con la que se destroza sin proporción una idea colectiva, a ese atractivo que diferencia a Menorca de otros territorios que han optado por un modelo ya mil veces repetido y mientras eso sucede, los presuntos representantes de la voluntad popular que sientan sus traseros en los despachos de lo público habrán pasado a la historia sin pena ni gloria. Quedarán, eso sí, las rotondas como señal de sus vergüenzas y su falta de miras; esas rotondas que aún estamos a tiempo de paliar para que no se convierta esta (hasta hoy) Reserva de la Biosfera en una pista de aterrizaje para ovnis.

Ayer volví a pasar por la zona cero. Yo iba en dirección a Maó y ya casi llegando me crucé con un autobús de turistas recién llegados que circulaba en dirección a Ciutadella. La guía, micrófono en mano, les debía ir preparando para la estampa que se avecinaba. Quién fuera guía para explicar que hay otras soluciones para una carretera con cero puntos negros (la seguridad no es excusa) y que no es necesaria la escabechina que han iniciado y que, por cierto, avanza a un ritmo que ya podría aplicarse a otros proyectos más necesarios en un tiempo de recortes y miseria: es curioso como la celeridad aumenta según sea el interés económico de los interesados/implicados y proporcionalmente a la cercanía de unas elecciones. Quién fuera guía para decir que hay otra forma de invertir en mejoras los famosos 30 millones de euros que envía el Ministerio de Fomento para infraestructuras y no así, a lo loco, como si nos hubiera tocado la partida en un concurso de televisión de esos en los que alguien gana un cheque para gastar en un centro comercial pero con un tiempo limitado. Lo han dicho ingenieros, arquitectos, técnicos, arqueólogos y vecinos sin tarjetas black que no consideran en absoluto necesario construir cuatro macrorrotondas a doble nivel, tres de ellas en terreno rústico y otras tantas rotondas (qué vicio) cada pocos kilómetros entre Alaior y Maó (seis en total, señores viajeros, en una descabellada 'primera fase' y ya avisan: habrá más). Y quién fuera guía para añadir que una de las rotondas en suelo rústico, la de Biniai, se construirá con ese mismo dinero público en un terreno en el que no hay ningún cruce, con el objetivo de dar acceso a una futura planta privada de selección de residuos en la que tiene intereses, casualidades de la vida, la misma empresa adjudicataria de las obras.

La plataforma ciudadana Així No sigue luchando por modificar este proyecto con su campaña 'SOS Rotondas': mejoras sí, pero no atentados paisajísticos. El sábado se reunieron en Maó y girarán por los diferentes municipios para explicar el desastre y sumar apoyos. Hay que unirse, señores pasajeros, y expresar el descontento (los carteles de 'SOS Menorca' en los coches y en las fachadas de las casas serán tendencia este otoño). Hay que unirse sin más política que la medioambiental y la visión de futuro, o no cabrán después las lamentaciones. Y si a alguien le queda alguna duda de que la movilización sirve de algo, que revise la información que el GOB refrescaba hace unos días en su página (www.gobmenorca.com) sobre el intento de urbanizar la playa Trebalúger que afortunadamente no se llevó a cabo gracias a la movilización social y a pesar de que en aquel año, 1988, el Ayuntamiento de Es Mercadal, entonces gobernado por el Partido Popular, otorgó la licencia a la empresa Trebalúger S.A. para construir 19 chalets en ese pequeño paraíso. Los promotores de aquel 'pelotazo' demandaron entonces al Govern Balear y la semana pasada, 26 años después (de nuevo, la curiosa velocidad de las cosas), se conocía la sentencia del Tribunal Supremo que rechazaba la indemnización que reclamaban (27,3 millones) por los perjuicios ocasionados y el lucro cesante y devolvía este triunfo ciudadano a la actualidad. En resumen, que sí, que se puede, y es más: se debe. ¿Siguiente parada?

@anaharo0