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Ahora me acuerdo de la patrona que tuve en Barcelona cuando era estudiante. Me refiero a la dueña de la casa donde me hospedaba. Era oriunda del País Vasco, lo que hoy en día se dice Euskal Herria, pueblo vasco, Vasconia o país del euskera. Despistaba mucho, porque tenía ambos ojos estrábicos y no sabías nunca cuándo te miraba. Era bajita, tenía el pelo rubio teñido y era muy decidida. Se había ahorrado un piso en la zona de la antigua villa de Gracia ella solita. Quemaba las pelusas del pollo en los quemadores de la cocina, con lo que siempre le quedaba un regusto a gas, por mucho que lo condimentara. La merluza la freía enharinada y la servía con una rodaja de limón. Cuando tardaba en cobrar solía decir que ya estaba bien, que una tenía sus gastos, que siempre sacar, siempre sacar la llevaría a la ruina. Se refería a sacar dinero de la Caja de Ahorros. Por eso procuraba pagarla religiosamente el día primero de mes, para que no tuviera que sacar y sacar…

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Nunca saco, dijo el otro día una señora que lleva más de cuarenta años en Ciutadella. Quería decir que siempre ponía a la lotería y nunca le tocaba. Es curioso, a menudo la gente de habla castellana traduce directamente de nuestra lengua sin llegar a hablarla, por muchos años que tengan de estar por aquí. Cuando están despistados dicen, tengo la cabeza a vender. Cuando tienen suficiente de algo dicen, ya en tengo prau. Cuando un niño es travieso dicen que es de las cortaduras de Judas. Cuando algo no les apetece dicen, no me hace ninguna sed. Cuando creen que tienen una tarea complicada dicen, tengo suficiente pan cortado, y añaden, ¡santa paciencia! Cuando no quieren hacer algo dicen, no hay miedo. Cuando los hombres miran a las jovencitas dicen, los perros están cazando. Cuando alguien es muy dicharachero, muy alegre o jocoso dicen, no hay un palmo de limpio. Por fortuna nunca llegan a decir que alguien asoma por la cabeza de cantón, pero yo le oí reír a uno porque alguien preguntaba si estaban buenas las magranas y otro contestaba que muy, muy…

La cuestión es sacar –sacarse— la lotería en estos días en que la Navidad podría traer sorpresas –«no hay miedo»-, ya que según el refranero ser pobre y rico en un día, milagro es de santa Lotería. O como decía mi madre, a veces se hace más en un solo día que en todo un año. Pero el mal de los pobres es como tener daño y herirse –tenir mal i ferir-s'hi— y lo más probable es que la lotería no venga a darnos una mano de Judas –una mà d'ajuda.