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He descubierto que la gripe es muy educada. Siempre que anda cerca viene a mi casa a saludarme. Debe de ser como lo que dijo Luigi Pirandello: «Ser educado quiere decir ser, por dentro, negro como el cuervo, por fuera, blanco como una paloma; en el cuerpo, hiel; en los labios, miel». Mi madre solía decir que había nacido «el año de la gripe». Efectivamente, lo que se dio en llamar «la gripe española». «la gran pandemia de gripe», «la epidemia de gripe de 1918» o, simplemente, «la gran gripe» afectó a niños y ancianos, jóvenes y adultos, perros y gatos. En un año mató entre 50 y 100 millones de personas. La enfermedad apareció por primera vez en marzo y durante el verano el virus sufrió una mutación que lo convirtió en letal. El primer caso confirmado de la mutación afectó a las tropas aliadas en plena Primera Guerra Mundial. La gripe fue llamada «española» porque España era neutral y la prensa no censuró la información sobre la enfermedad.

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Como digo, la gripe ha sido siempre muy atenta conmigo, ya desde que era niño. Recuerdo que a veces me costaba llegar a casa desde el colegio; de pronto tenía que apoyarme en una pared y sentía mucho malestar, además de tener la cabeza y los miembros pesados como el plomo. Recuerdo que mi padre me envolvía en una manta y me llevaba en bicicleta hasta la casita de las afueras donde pasábamos las noches, y yo pasaba luego muchos días en cama, sin ir al colegio. Entonces los remedios solían ser primitivos: sudar en la cama y hacerle ascos al pancuit, la sopa de ajo que preparaba amorosamente mi abuela materna. Si la virulencia de la enfermedad crecía venía el doctor Manolo y me recetaba Penicilina, que me inyectaba una enfermera muy guapa y muy paciente en el trasero, hasta que lo tenía todo lleno de durezas debajo de la piel. Y luego ya me ponía bien. Es como lo del chiste de Lázaro, levántate y anda. Y Lázaro se levantó y «andó». Y alguien apunta: «¡Anduvo, gilipollas!». «Bueno, sí, anduvo gilipollas unos cuantos días y luego ya se puso bien».

Desde que fui profesor de instituto me vacuno todos los años, porque nada es más fácil que coger el virus en un colegio. Sin embargo este año decían que los laboratorios no habían acertado muy bien con la cepa y que las vacunas podían fallar. Me encontré con el médico por la calle y me dijo que a él no le había fallado ni una. Pues aquí tiene una que sí ha fallado, señor doctor, porque la gripe es tan educada conmigo que siempre viene a visitarme por si las moscas.