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Vuelvo de Madrid con Roberto Bolaño y su archivo en la cabeza y voy (casi) directa al Ateneu de Maó, quiero ver (y tocar) el libro «Comerços de sempre», que se presentó la semana pasada con las imágenes de la Sección de Fotografía y cuyos textos hemos cuidado con dedicación. No pude estar en la fiesta pero me pasaron la crónica por WhatsApp y me pitaron los oídos (para bien): Mateo Mir se acordó de todos y además tenía una representante estupenda: una de las alumnas del taller de escritura creativa del Ateneu y también participante en el libro colectivo, Joana M. Garau, que aceptó mi petición gustosa (enhorabuena, Joana, de paso, por ese segundo premio en la XXII edición del «Premi de Narració Curta Illa de Menorca», y a ti también, Lluís Orfila, también escritor del libro, por quedar entre los finalistas en el mismo concurso: orgullo es poco).

De Bolaño, detective y salvaje a partes iguales, hablaré otro día, más de una vez (me temo), de su Primer Manifiesto del Movimiento Infrarrealista: «Dejénlo todo, nuevamente láncese a los caminos»; de su máquina de escribir (eléctrica, como algunas despedidas); de esa manía suya de reinventar el amor; de esos lemas que sacaba de alguna parte —«Nadie permanece definitivamente desesperado»—; del camping Estrella de Mar; de lo efímero que le parecía aquello del oficio de escribir; del caleidoscopio o de Sensini y esa tristeza/alegría de los concursos literarios. Todo al ritmo de «Voodoo chile», del álbum «Electric Ladyland» de Jimi Hendrix.

Me quedo, de momento, con las tiendas de siempre encerradas en el libro (no están todas las que son, claro), ésas que, como las de toda Menorca y las de todo el mundo consumista y acelerado (el término capitalismo se esconde bajo de la alfombra por poco decorativo), están condenadas a la extinción si seguimos por aquí: necesitamos pulsar el botón de pausa, un minuto de silencio o un libro, por qué no. En éste tan entrañable, en el que tantos han colaborado —aficionados a la fotografía, a la escritura, los propios comercios, el Ateneu y las instituciones— ha quedado, por mi parte, el pequeño texto que sigue, como agradecimiento:

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«Una oportunidad: conocer la historia que se esconde tras las fachadas de estos comercios de toda la vida de Maó. Una huella tras la pista del tiempo en fuga para todos los que hemos podido escribir algunos retazos de esta obra colectiva. Las imágenes de la Sección de Fotografía han sido la raíz y han exigido palabras, igual que la tierra exige agua. Así, los voluntarios —algunos, fotógrafos y otros, participantes de los diferentes talleres de escritura que he podido coordinar en diferentes enclaves de Menorca hasta la fecha, entre ellos, los estrenados este curso en el Ateneu— han sumergido sus plumas/teclados en fechas, anécdotas y trayectorias de estos negocios que han sido y son parte de la respiración de la Isla. Pequeños pulmones en red.

La personalidad única que otorgan a una ciudad estos negocios, lugares de intercambio que en la mayoría de casos han pasado de generación en generación, marcados por las necesidades y la actividad propia de cada territorio, se emborrona cada vez que uno de ellos desaparece, como cuando una lágrima cae en un papel y empapa la tinta. Echaremos de menos, cuando sea demasiado tarde —si es que consienten desde las administraciones presentes y futuras que se asfixien solos y consentimos nosotros, consumidores, cada vez que elegimos el lugar de nuestras compras— a todos estos ultramarinos, zapaterías, pastelerías, mercerías, farmacias, ferreterías y demás templos tradicionales que han sabido adaptarse a la evolución de la sociedad y que favorecen el bienestar de todos los otros con su gasto y sus puestos de trabajo: unidas las arterias de todos ellos como si de un solo cuerpo se tratara.

Mientras, otro río gana caudal: las franquicias invaden en este siglo XXI el tejido urbano y vuelven idénticas a la mayoría de calles de los países occidentales. Poco a poco, como una plaga de la que no llegamos a ver sus consecuencias con claridad por estar demasiado pegados a los escaparates (tan luminosos), las multinacionales devoran lo que encuentran al paso e imponen su ley/molde/condiciones. También llega ese apetito a Menorca, que a duras penas ha resistido mejor que otros lugares turísticos los embates globalizados. No dejaremos que el tiempo borre también la esencia de los centros históricos que amamos en esta Isla, es algo que nos concierne a todos: interés general (o futuro). Valga como prueba/homenaje esta recopilación en papel de imágenes, palabras, letreros y sueños».

eltallerdelosescritores@gmail.com