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Temo no poder comprometerme a resultar divertido en esta ocasión. Estoy mosqueado, y cuando uno está mosqueado se vuelve taciturno, suspicaz, antipático, cascarrabias en ocasiones, pesimista en otras, pero jamás chispeante.

El pasado martes entregué en el Ayuntamiento unos cuantos folios firmados por gente afectada por el cierre intempestivo del aparcamiento del ascensor. Estamparon su rúbrica bajo la petición de que se restituya ese espacio al uso que se le venía dando. Parece ser que el rechazo de esos ciudadanos (muchos otros han llegado tarde para firmar pero me muestran diariamente su adhesión a la causa) no parece conmover en absoluto al equipo de gobierno puesto que los parapetos siguen donde los pusieron, a pesar de que bastaría un mínimo gesto para trasladarlos de modo que taponen el lugar que dio origen al peligro.

Cuando quienes ahora rigen los destinos de Mahón intentaban convencer (con buen criterio, pienso) a las anteriores autoridades de que revisaran su plan de sembrar desproporcionadas rotondas por doquier, y veían que sus voces eran ninguneadas a pesar de la evidencia de que existía un amplio rechazo social, imagino que sentirían la misma frustración que vivimos ahora quienes sabemos lo oportuno que sería restituir la seguridad del aparcamiento, devolver provisional pero inmediatamente al espacio su antiguo uso, y ponerse a trabajar entonces para solucionar de una forma definitiva y creativa no sólo lo concerniente a este espacio, sino al problema general del aparcamiento y la conexión puerto ciudad.

Intentar dar carpetazo al asunto bajo la falaz afirmación de que hay suficientes plazas a doscientos metros, demuestra pocas ganas de ser serio. Quienes recorremos esos doscientos metros seis veces al día, a veces cargados, o con niños, o lloviendo, o con todas esas circunstancias graciosamente acumuladas pensamos que resulta ser un ejercicio que, si bien es libre de practicar el consistorio en pleno si les place, no encontramos oportuno que lo impongan al resto de vecinos. Para cerrar un aparcamiento se necesita una maceta, un guardia y una grúa, para arreglar un problema se necesitan ganas de trabajar y sentido común.

La segunda falacia consiste en afirmar que sobran plazas de aparcamiento en la zona. No sé si saben en el Ayuntamiento que estos días se ha celebrado una importante regata. Pues bien, les comunico que la afluencia de público al puerto ha sido masiva, como masivo ha sido el cabreo de multitud de automovilistas que han pasado un viacrucis buscando un sitio donde dejar su coche.
Y ahora viene la incongruencia. Alegan en el Ayuntamiento dos razones que justificarían el fulminante cierre. A saber:

1.-la zona es peligrosa

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2.-el espacio es zona verde.

Una zona verde insegura es una contradicción en sí misma. Tienen que descartar una de las excusas. O es zona verde o es insegura.

Cuando un pueblo contrata a un equipo de gobierno (a través de las urnas, si, pero pagado a escote) espera de él que resuelva problemas, que emprenda proyectos ilusionantes, no que reste facilidades que ya existían.

Seguramente resulta más fatigoso desenredar trabas o investigar tratamientos que dar muerte al perro. En mi anterior artículo recordé como el señor Bagur privó a su ciudad de un hotel de cinco estrellas con aparcamiento público en la zona en litigio. Pero no ha sido esta la única oportunidad perdida por pura desidia. El Club Marítimo de Mahón se había comprometido a aportar « una comunicación peatonal y mecánica de los paseos marítimos en el puerto de Mahón, la construcción de un estacionamiento para vehículos, un anfiteatro/auditorio, un mirador y zona de servicios ...en la zona conocida como Sa Punta».

Y no es que este plan se descartara tras un gran debate o referéndum, no, simplemente fue oxidado por el tiempo y la dejadez.

El tiempo pasa rápidamente. Los dos días de que me habló el señor Lora que tardarían en reordenar el sentido de la circulación del tráfico para minimizar los daños del cierre, ya se han convertido en dos semanas, y no dudo que se han de convertir en dos años si nadie lo remedia.

Lo que les pedimos no es descabellado: Por favor, muevan los parapetos, colóquenlos en los lugares que protejan la seguridad, reabran el aparcamiento, recalifiquen la zona y hagan allí algo bello y útil (que incluya un aparcamiento: a este lado del Mississipi no sobran plazas, créanme), y, si son tan amables no tarden dos legislaturas (en el caso de que gocen de una segunda entrega). Como nos enseñó la experiencia de recalificación y declaración de interés de los terrenos de la cárcel (por ejemplo), estos asuntos pueden ir realmente rápidos si se ponen ganas.