La columna

La primera vez

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De repente recuerdo una canción de Manuel Alejandro que cantaba Raphael poco menos que en tiempo de Maricastaña. Se titulaba «Hablemos del amor» y entre otras cosas decía: «Hablemos... de la primera vez que nos miramos». Ha llovido mucho desde entonces, o ha pasado mucha agua bajo el puente, como dirían en inglés, y sin embargo muchos nos acordamos de «la primera vez». Hay primeras veces para todo. Yo concretamente me acuerdo de la primera vez que comí caracoles. Era un día sombrío de otoño, en el comedor oscuro de la casa que mi abuela tenía alquilada al lado de la fonda, y nos los sirvió mi padre a mi prima Claudia y a mí. Nadaban en el jugo en que habían sido hervidos, con sal, hinojo y laurel. Los encontré deliciosos y como diría García Márquez supe desde aquel momento que iban a gustarme para siempre. Es lo que dicen también de las personas que conocemos. Prevalece siempre la impresión que nos causaron la primera vez que las vimos, la «primera vez que nos miramos». En efecto, cuando vi a Rosa por primera vez supe que podría pasar toda mi vida junto a ella. Por cierto, Rosa es mi mujer.

Es como lo del día más feliz de nuestras vidas. En el colegio nos enseñaban que el día más feliz de nuestras vidas iba a ser el de la primera comunión. Sin embargo, ese día me lo pasé muy mal yendo de visita de pariente en pariente, con las piernas doloridas de tanto caminar vestido de punta en blanco, como era preceptivo para un verjo, palabra que se usa como masculino de verge y que a su vez se refiere a la virgen y a las niñas –y los niños— de primera comunión. Por supuesto que éramos vírgenes en más de un sentido, un campo blanco donde sembrar todas las plantas que iban a nutrir nuestras vidas, pero también las raíces que iban a entramparnos. Para algunos el día más feliz es el día de su matrimonio, pero esto está hoy tan devaluado que Raphael casi podría cantar: «La primera vez que nos casamos». Supongo que en buena ley nunca nos damos cuenta de cuál es el día más feliz, ni siquiera de cuándo es la primera vez, como no sea lo que dice Carlos Fuentes: «¿Morirás? No será la primera vez. Habrás vivido tanta vida muerta, tantos momentos de mera gesticulación». Carlos Fuentes fue un escritor mejicano que murió hace un par de años, uno de los autores más destacados de su país, novelista y ensayista. Según eso, Raphael incluso habría podido cantar: «La primera vez que nos morimos». Pero sería una incongruencia, porque nadie muere por segunda vez.