La columna

Esta noche no

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Acabo de oír esta frase en una película de las calificadas como comedia romántica: «No hay por qué decidir nada esta noche». Hay que ver cómo se cuela la filosofía popular en las películas. Otra frase de otra película decía: «Esto también pasará» y luego una novela del mismo título se convirtió en best seller entre nosotros; me refiero a «También esto pasará», de Milena Busquets, que habla del dolor de la pérdida y de la ausencia. Pero lo de no hay por qué decidirlo esta noche me recuerda que quien se lleva las preocupaciones a la cama duerme mal y suele tener pesadillas, y que las cosas se ven siempre de otra manera a la luz del nuevo día, de modo que lo más inteligente sería desconectar de todos los problemas a la hora de acostarse. Una norma que me parece aconsejable es la de afrontar siempre las contrariedades con algo de distancia. Si como dicen el tiempo lo cura todo, parece lógico que dejando reposar una dificultad durante un cierto tiempo podamos resolverla mejor. Incluso considero probable que con el tiempo algo que a primera vista nos parece muy gordo después se nos antoje más pequeño. Al fin y al cabo ocurre lo mismo con la perspectiva. Un edificio muy grande puede parecer una humilde casita de recortables visto desde la distancia, igual que la muchedumbre que se agolpa en el muelle para despedir un barco llega a parecer del tamaño de una hormiguita en la lejanía, y termina por desaparecer. No hay nada mejor que eso, que los problemas acaben por desaparecer con el paso del tiempo. En este punto se me ocurre un buen epitafio. Uno podría escribir en su sepultura: «Dicen que el tiempo lo cura todo. Estoy tomándome la medicina».

«Esta noche no, que tengo jaqueca», dice la mujer al marido en los chistes al uso. A la mañana siguiente el hombre se las promete muy felices y ella dice: «Ahora no, que es muy temprano y tengo mucho sueño». Es como la canción «Oh, Pello, Pello», pero de sentido contrario, porque lo de la jaqueca no tiene nada de feminista. «Oh, Pello, Pello –dice la canción- tengo sueño, ¿puedo irme a dormir? En cuanto acabes de hilar. Oh, Pello, Pello, ya he hilado, ¿puedo ir ahora? Haz madeja y luego podrás». Y después de la madeja, haz ovillo, y después del ovillo, cose la lana y después ya es de día y no hace falta dormir. Los problemas pueden convertirse en pesadillas, lo cual es tan poco aconsejable como la explotación de la mujer, porque la llegada del nuevo día nos ofrece mejores perspectivas para resolverlos.