Contigo mismo

El idiota que llegó a ministro

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Suele suceder con la ignorancia que los que menos saben, más creen saber; que los menos capacitados, más hábiles se sienten; que los más lelos, más ilustres se muestran; que donde debería anidar la modestia, únicamente reside la soberbia… El mundo de la política es, en este sentido, paradigmático. Quien no tiene ni idea de Educación se convierte en su más alto representante  y quien no posee conocimiento alguno sobre medicina (como no sea el de cómo colocar una tirita) accede, sin temor ni recato, al Ministerio de Sanidad… Dicen que la susodicha (la ignorancia) es muy osada… Y así os luce el pelo… No hay, ciertamente, hombre más valiente que el tonto…

Cuando hablas de estas cuestiones siempre te viene a la memoria la historia de aquel ínclito varón, analfabeto total en cuestiones de informática, que, tras asistir a un breve cursillo sobre la materia, se atrevió, ni corto ni perezoso, a escribir (¡y publicar!) un libro sobre la materia y en el que, bajo el pomposo título de «Lo que usted debe saber sobre el mundo de los ordenadores explicado de manera concisa y clara», contenía perlas como las siguientes:

«A.- Es importante que, ante todo, se asegure  de que el ordenador está enchufado. Ha de cerciorarse de que haya corriente eléctrica. Si es usted político, no confundir corriente eléctrica con cuenta corriente, aunque ambas dan gustirrinín. Eso sí: a la larga pueden ser un tanto nocivas…
B.- No usar typex en caso de error… Si la pantalla está llena del susodicho líquido no podrá trabajar a gusto…
C.- No debe confundir el ordenador con el televisor. El segundo, en teoría, le divertirá; el primero, probablemente, le hará currar, le amargará la vida, le hará entrar en casa rojizos extractos bancarios y puede que hasta un email de su ex.
D.- «F1» no significa Fórmula 1. Téngalo en cuenta.
E.- Si está su suegra en casa, pulsar la tecla «Escape» o «Suprimir» («Esc» y «Supr») no le permitirá, respectivamente, largarse a tomar unas cervezas o asesinarla…»

La obra resultó –créanme- un éxito. No por sus trascendentales aportaciones al mundo de la informática, sino porque los lectores pensaron –y con razón- que se trataba de un texto humorístico. Incapaz de vislumbrar el matiz, el autor reforzó su autoestima y optó por redactar una segunda parte: «De cómo quitar el typex de la pantalla del ordenador sin que le caiga a uno limpiacristales en las teclas porque, en ese caso, puede que el ordenador, ese, el del typex, se estropee». Esa nueva incursión ya va por la undécima edición…    

-  Pues…

-  Pues que de ignorantes ilustrados y de imbéciles osados vamos sobrados. Lo malo, chaval, es que muchos de ellos dirigen el cotarro…

- Y por eso…

- Por eso no harán nada por la Educación. Ellos no la necesitaron…

-   Ni por la Sanidad… No sé qué director general del asunto, que no pasó de 3º de la E.S.O., dijo que las cosas iban razonablemente bien. ¿Quién, a la postre, no sabe colocar una tirita?

- Ni por la tercera edad… El ministro del ramo –el que un día hizo un cursillo de informática y escribió dos best-sellers- se pasará por los geriátricos para contarles a los ancianos que el F1, efectivamente, es una tecla y que no tiene nada que ver con los coches de carreras. Y, así, entretenidos, los ancianos no pensarán en el montante de su pensión, ni en la sociedad, injusta, que les impide estar con sus hijos, ni en las ayudas a la dependencia que solo existen, virtualmente, en los programas electorales o que, cuando milagrosamente se dan, el beneficiario ya la ha espichado y llegan tarde y, por lo tanto, mal, ni en…

- ¿Qué podéis esperar, en definitiva, de un país en el que se premia, más que la preparación y la honradez, el amiguismo y el culto a los idiotas?

- Pues, probablemente, lo que tenéis –te contestas-.

P.S.- El ínclito varón al que se alude en este artículo no es real. ¿O sí? Póngale usted el nombre que le plazca. Le aseguro que tendrá donde escoger…