Supervan Family

Una tierra de mestizos

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Su despedida me ha transportado a 1997 cuando le conocí. Tenía 18 años y cursaba primero de periodismo. Asistía por iniciativa propia a un congreso que se hizo en el Palau de la Música de Valencia llamado «Los desafíos del III Milenio». Umberto Eco se convirtió en la estrella de aquel congreso y anoté en una libreta unas palabras suyas que muchos medios reflejaron en titulares al día siguiente. Pronosticó que «asistiremos a un gran mestizaje cultural» y vislumbró que Europa sería como Nueva York y «ningún racista podrá impedirlo, ni las leyes restrictivas a la inmigración». Ahora ni el eco devuelve su nombre porque se marchó a sus 84 años, el escritor y filósofo italiano de la exitosa novela «En el Nombre de la Rosa», dejando huella cultural y, unas sabias y premonitorias palabras.

Así se ve y se siente tras la instantánea de Warren Richardson «Hope for a new Life» («Desear una nueva vida») premiada por la World Press Photo 2016, -premio fotográfico considerado de los más prestigiosos del mundo-. El fotógrafo, que trabaja actualmente como freelance desde Budapest, retrató a un refugiado cruzando la frontera entre Horgoš (Serbia) y Röszke (Hungría) durante la noche del 28 de agosto de 2015. El hombre con el niño que llevaba en los brazos trataba de cruzar la valla de seguridad camino de Hungría antes de que fuera cerrada por completo. El ganador asegura estar convencido de que «la Tierra no es una herencia de nuestros padres, sino un préstamo que entregaremos a nuestros hijos». Juntando el pensamiento de Eco y la fuerza de la foto, la conclusión es que una tierra que no nos pertenece es apta para el mestizaje. Una realidad inevitable y a la que no hay que tener miedo.

Ese bebé que pasa la alambrada camina hacia un futuro que debería ser mejor, tras abandonar su Siria natal y no por voluntad propia de sus padres, sino por necesidad. Quizás ese bebé encaje su historia -porque entender nunca lo entenderá- y aparte el rencor para hacer políticas inclusivas para hombres y mujeres de cualquier raza y no de exclusión, ni de segregación ni de integración. La Tierra es de todos. Así las políticas deberían ser coherentes con las personas, y los intereses económicos que se traducen en bélicos, deberían estar al margen de las decisiones de los países. Europa vive en una zona de confort y cuando factores como los económicos o de emigración nos hacen salir una milésima de nuestro cuadrilátero nos sentimos invadidos, amenazados en vez de normalizar e incluir a un mundo donde, repito, pertenecemos todos.

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