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¿Raro, o no tan raro?

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"Raro, raro" decía el ginecólogo Julio Iglesias Puga, padre del cantante Julio Iglesias, conocido como el papuchi. Y me viene muy bien arrancar así el artículo ya que el día 29 de febrero además de ser el aniversario de Pedro Sánchez, es un día que solo llega cada cuatro años. Un día de lo más raro, que tiene la capacidad de dar nombre a todo el año, bisiesto. Hay en España unas 30.000 personas nacidas un 29 de febrero. Cansaditos deben estar de los bromistas que les dividen sus años por cuatro. O de quienes dicen que Iñigo Errejón está en esa lista. Aunque tendemos a pensar que la Tierra tarda 365 días en dar la vuelta al Sol, en realidad tarda 5 horas, y 48 minutos más. Por eso añadimos un día al calendario, así lo ideó Julio César en el siglo 1 a.C., bajo su gobierno, para mejorar el antiguo calendario romano.

Además este día es el de las Enfermedades Raras. Que se hacen presentes más que nunca. Así lo ha celebrado la Fundació Carlos Mir para recordar que hay personas que tienen enfermedades para las que aún no se ha encontrado solución y parecen que viven al margen de la sociedad, si no se hicieran presentes en estas jornadas.

Desde las escuelas hay que educar e integrar a todas las personas sea cual sea su condición de raza, religión, nivel social, económica, física o psíquica. Una forma de humanizar, y transmitir valores. Porque en las escuelas no solo se va a aprender asignaturas, también se aprende a compartir, a trabajar en grupo, a saber lo que es la amistad, como la enemistad, se aprende que hay competitividad, herramientas de estudio,... El hecho que esté un niño con síndrome de down, o una niña en silla de ruedas,... no dificulta ni se ralentiza la enseñanza.  Considero que es un valor añadido a la clase.

Los maestros y profesores tendrían que tener formación y apoyo especializado, que seguro que en muchos casos ya existe. En lo referente a las personas que padecen enfermedades raras y sus familiares son para mí héroes, porque sin saber lo que les pasa, ni siquiera la ciencia alcanza con premura a darles respuestas, son fuertes, te dan lecciones de vida. Me estremezco cuando niños con una grave enfermedad psíquica tienen una forma de expresarse, de sentir tan dulce, tan tierna, sin violencia, sin acritud. Hasta su mirada va con su forma de expresión. Entonces dejo de ver sus limitaciones, desaparece la enfermedad y solo percibo la ternura y la fortaleza. Qué gran servicio prestan para humanizar esta humanidad miope.