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La historia de un beso

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Un gesto tan natural y habitual como complicado de representar en escultura: un beso. Es «la historia de un beso» de la falla Na Jordana de Valencia, sección especial. Si para el artista fallero le ha sido difícil representarlo en escultura, con más motivo los besos hay que cuidarlos porque con el paso del tiempo se transforman. El de esta falla lo representan una joven pareja, pero yo hablaré de los primeros besos a tu hija/-o. De esos que después, quizás, guardaréis en el baúl de los recuerdos hasta que un día vuestro bebé ya adulto, tenga su primera historia con un beso con su enamorada/-o. Para mí no hay que hacer ningún estudio para saber que los besos, el cariño, el estar ahí con tu hijo reconfortan y fortalecen el estado de ánimo y el sistema inmunitario.

Digo esto porque parece ser que un estudio científico hecho por la Universidad de Pitssburg en Estados Unidos, en el que ha participado el doctor Francis Campbell y que será publicado en los próximos meses en la revista «The Journal of the American Parenting», los investigadores han llegado a la conclusión de que un beso de mamá o de papá en una pequeña herida, en un pequeño golpe es más eficaz que la homeopatía para el tratamiento del dolor en sus hijos. A parte de este estudio he podido leer otras informaciones que dicen estar demostrado que un niño enfermo con los cuidados de mamá o papá a su lado se recupera antes que otro niño que sus padres han estado ausentes, o cuidados por personal externo. Pero es lógico, si te pones en el lugar del niño el que tu pareja te cuide: te de las medicinas cuando te tocan, te haga un masaje, o te haga la comida, te de mimos, cariño y besos. Que esté por ti hace que te sientas arropado, seguro, y así tu sistema inmunológico mejora. Nada que ver si te encuentras sola, o solo. Pues imagínate un niño.

Hablemos de besos. Los pequeños a la edad de uno y dos años sus besos saben a requesón con miel y nueces. Te los dan primero con babas y con mocos, son los más asquerosamente tiernos. Luego aprenden a lanzártelos al aire con la mano, o solo con el ruidito (muak!), son tan pequerománticos. Y después están los que vienen ellos mismos antes de irse a la guardería a darte un beso, y como no saben se esperan tiesecitos hasta que mamá o papá les da un beso en el cabello, y se van siempre con una sonrisa. Después están los besos complementos: los de esquimal, frotar su nariz con la suya; los de mariposa, abatir tus pestañas como cual mariposa aletea sus alas que pegas a las mejillas del querubín. Esta es la auténtica historia de un beso que nunca termina, o nunca debería terminar.

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