Davall l'ullastre

Al final, de nuevo el horror

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JUEVES, 17

Veo «Spotlight» que no es una película muy adecuada para fomentar el espíritu de  Semana Santa, pero ahí está en la programación. Y es que décadas atrás, cuando uno era un tierno infante, estos días no se proyectaba otra cosa en los cines que péplums romanos, islas de leprosos cuidados por monjitas y relatos bíblicos en general (mención especial para «Los Diez Mandamientos» y «Ben-Hur», dos obras maestras del cine). El régimen, en estrecha connivencia con la Iglesia velaba por nuestra salud espiritual (con notoria ineptitud, bien es cierto).

Dos aspectos me sobrecogen especialmente de «Spotlight». Primero, el relato de una víctima sobre su inicial complacencia cuando el clérigo le hace objeto de sus especiales  y aparentemente asépticas atenciones, que le deja psicológicamente inerme para ulteriores ataques. Esa posición de superioridad moral es la palanca que han aprovechado siempre esos psicópatas con sotana para perpetrar sus fechorías (tengo alguna experiencia personal, light, pero inequívoca, sé de qué hablo).

El segundo aspecto intensamente llamativo es la conversación en la barra del bar entre Michael Keaton (el jefe del equipo de investigación del «Boston Globe») con un seglar con alta vara en la Iglesia, cuando éste le recuerda sutilmente la tradición y la fuerte imbricación de la institución religiosa en la sociedad bostoniana  y le sugiere que deje de remover aguas turbias, vamos, que pelillos a la mar, que todos somos bostonianos. Esa apelación a lo nostro para justificar y amparar atrocidades pone los pelos de punta.

VIERNES, 18

«Zapatero ha sido el peor presidente de la democracia», es un latiguillo mil veces repetido y pocas veces cuestionado (incluso te miran raro cuando intentas matizar). Ni siquiera ahora, cuando comprobamos los continuos errores (para ser benignos) de Rajoy que cada vez se parece más al pato criollo que deja una zurullo a cada paso que da. Lejos del dietarista la intención de beatificar  al ingenuo, frágil y gaseoso Zapatero, pero ¿de verdad que, observando a Rajoy, nadie empieza a dudar de la máxima con que inicio esta entrada? 

Echando la vista atrás vemos al sectario Felipe de la guerra sucia contra ETA y el «dos por el precio de uno», cuando unió su suerte política a la de un Alfonso Guerra cercado por las corruptelas de su hermano, al megalomaníaco Aznar de su segunda legislatura con su ensoñación trasatlántica, su ardor guerrero, su pugnacidad anticatalana, origen de las tormentas actuales, y sus mentiras del 11-M, para llegar al actual Rajoy / don Tancredo, especializado en la inacción crónica, su apoyo a corruptos ( «sé fuerte, Luis»), y ahora, el choque de instituciones (lo de la no rendición de cuentas al Congreso de un gobierno en funciones puede ser legalmente justificable, pero ética y democráticamente es infumable).

¿Y tan calamidad fue el denostado Zapatero? Sí, evidentemente lo fue en su gestión de la crisis económica (aunque no fue el culpable de ella, como Rajoy no es el salvador exclusivo), pero ahí está su  pionera Ley de Dependencia,  su no menos vanguardista legalización del matrimonio homosexual, el reconocimiento a las víctimas de la guerra civil, y la insólita y galardonada independencia política de Televisión Española durante su mandato, la misma que hasta entonces habían manejado a su antojo felipistas y aznaristas con calviños y urdacis … ¿O ya nos hemos olvidado?

DOMINGO, 20

Algunos restaurantes son algo más que restaurantes por su fuerte imbricación social. Fue el caso de Rocamar de los hermanos Borrás  en el Fonduco en el que se reunía a manteles lo más granado de la sociedad mahonesa en tiempos en que comer fuera de casa era más bien un acontecimiento. Una vez desaparecido, tomó su relevo el Minerva, lugar de celebraciones familiares por excelencia, que sigue en la brecha de la sabia mano de Lázaro Alcaide. 

Desde hace diez años, Ses Forquilles de Raquel, Oriol y Marco, que hoy celebra a todo trapo su décimo aniversario en su nueva ubicación portuaria de El Rais (una celebración suculentamente inolvidable), ha sabido hacerse con la clientela joven de la ciudad y con algún que otro adolescente de la vejez amante de  aventuras gastronómico-novelescas  más o menos  audaces urdidas en el restaurante de la calle Cifuentes. Enhorabuena y a por los diez siguientes. 

MARTES, 22

Pero, ¿qué importancia tiene todo lo escrito cuando el terror  gotea de nuevo su horrible viscosidad  sobre la vieja Europa? Vuelvo a mis orígenes cristianos para buscar consuelo: Señor, Señor, ¿por qué nos has abandonado?