Asseguts a sa vorera

Dioses sin medalla

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La vida del deportista es muy dura. Mucho más dura de lo que cualquiera de nosotros no solo nos podamos imaginar sino que difícilmente llegaríamos a soportar. Los Juegos Olímpicos son crueles con el deportista, le exigen años de sacrificios para que entregue lo mejor de sí en apenas un puñado de segundos sin garantizarle en ningún caso que por ello vaya a saborear la gloria de las medallas. Y en esa delgada línea que separa el vencedor, el triunfador o el éxito del fracaso, andan un grupo de personas muy privilegiadas con los que la vida nunca habrá sido justa pase lo que pase.

Al espectador le llega apenas una suave y deliciosa brisa de lo que ha sido una tormenta de cuatro años que los técnicos camuflan con el nombre de Ciclo Olímpico. Son 1.461 días de una vida invertidos en una disciplina tan exigente que solamente aquellos que la respetan y la cumplen se ganan el derecho a entrar en el Olimpo en busca de un asiento que les garantice la eternidad en forma de medalla. Y de oro para ser más exactos. Porque lamentablemente nadie se acuerda del segundo ni del tercero. Ni mucho menos del resto de la tropa.

Es en ese momento cuando la sociedad es ingrata porque acostumbra a tildar de fracaso apenas un puñado de segundos de los más de 2.102.400 que separan unos juegos de otros. Nos atrevemos, desde una mentalidad mortal y plana, a juzgar lo que nosotros jamás llegaríamos ni a plantearnos. Somos crueles e insensibles pensando que un deportista lo tiene fácil porque hace lo que quiere. Insensatos, obviamos las toneladas de sacrificio que esconden cada zancada, cada brazada, cada triple o cada gol. Ni sabemos ni sabremos qué historia se esconde detrás de aquello que nosotros llamamos fracaso. De aquel diploma olímpico que se ha quedado a tres segundos de ser medalla.

Hemos creado la sociedad del ganar y del ahora. ¿Cuántos jóvenes estarían dispuestos a hipotecar sus próximos cuatro años de vida? De acuerdo, los hay. ¿Y cuántos, dispuestos a cumplirlo? La lista pierde aspirantes. Para mi la medalla es la culminación de una existencia que con presea o sin ella, ya ha valido mucho la pena. ¿Y la tuya la ha merecido?

dgelabertpetrus@gmail.com